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El agro tico enfrenta su peor crisis en décadas. Él es el ministro llamado a atenderla

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Entre los múltiples nombres conocidos y figuras del gobierno anterior que llamó Laura Fernández Delgado a acompañarla en su gabinete, salieron también algunas personalidades novedosas para la política nacional. Juan Gabriel Ramírez Guillén es uno de ellos, de formación técnica en el campo agrícola y ahora al frente del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG).

Su desafío excede los límites de la técnica: es una crisis de profundas implicaciones políticas para Costa Rica.

Durante casi toda nuestra historia, el agro ha sido de gran relevancia, tanto en generación de empleo como en ingresos. Si bien la economía tica hace largo rato se reestructuró en torno a servicios y otras industrias, su peso sigue siendo notable (3,34% del PIB y cerca de 200.000 empleos) y, por otra parte, estructura la vida de incontables comunidades a lo largo del territorio nacional.

Por ese motivo, las señales de crisis en el sector agropecuario que se siguen incrementando despiertan más alarmas que el usual reajuste productivo de cualquier año. En diez años se han perdido más de 47.000 empleos, y se suman las condiciones climáticas adversas, los efectos del tipo de cambio bajo —como han advertido sectores de café, piña y otros—, la escasez de fertilizadores ante el conflicto en Irán, hasta 40% de caída en ventas de las ferias del agricultor...

Así, una reciente mañana de jueves, llegamos a la sede del MAG, en La Sabana, para conocer al ministro Ramírez: su formación, sus perspectivas, y sus respuestas a un reclamo del sector, que ha dicho que “el agro no aguanta más”.

Mejora continua del agro

“Es un hombre de escritorio limpio”, dice la encargada de prensa cuando entramos a la oficina del ministro Ramírez. Todavía se está acomodando al puesto, pero asegura que ya ha tenido incontables reuniones con representantes del sector: viene de una y va para otra en cuanto concluya la entrevista.

El ingeniero en agronegocios Juan Gabriel Ramírez es de Paraíso, al igual que su esposa (experta en movilidad urbana), y tiene 41 años, veinte de ellos en el sector agrícola. Su maestría española se enfocó en poscosecha y ha trabajado en empresas, consultorías y cooperación internacional.

“Salí del TEC y me fui a trabajar a fincas. Me fui a vivir a la zona sur del país, a Buenos Aires de Puntarenas”, explica. Trabajó en Pindeco unos tres años, donde se formó primero en “la parte técnica de cómo se manejan operaciones agrícolas complejas, grandes; son trabajos de siempre estar pendiente, 24/7″.

Como explica, son trabajos muy técnicos, donde hay que tener “mucho conocimiento y mucha tecnología que hay que aplicar para poder tener los mejores rendimientos, la mejor calidad y poder ser lo más competitivos”.

Desde entonces, a través de otras experiencias laborales, ese ha sido su enfoque, y en ello insiste para el agro nacional durante la entrevista: el mejoramiento técnico es esencial. De hecho, su última ocupación fue en el programa Descubra de Procomer, cuyo objetivo es impulsar la diversificación agrícola del país.

“(Se trata de) estar pensando en qué es lo que está demandando el mercado y generando los habilitadores para que el sector productivo se pueda insertar en distintos mercados”, explica.

“No es solo pensando en el sector propiamente exportador, sino también en cómo vos podés potenciar los encadenamientos productivos para pequeños y medianos productores que se puedan vincular en estas cadenas”, agrega.

“El sector agrícola es muy dinámico, es muy resiliente, representa un porcentaje importante de la economía del país”, considera Ramírez. “Hay muchas personas que dependen de él, principalmente en zonas rurales. Es un motor de desarrollo, es un motor de empleo, y nosotros estamos en un punto de inflexión donde nuestra agricultura tiene que ser más competitiva, más moderna, más inclusiva, más adaptada a los temas climáticos, pero también a la dinámica comercial”.

Ese es el enfoque, en líneas generales, de su gestión en el MAG, según nos explica: “Potenciar la competitividad, mejorar la competitividad del sector agroempresarial de una forma sostenible”.

Pero agrega que “cuando hablamos de sostenibilidad, tiene que ser económica, tiene que ser social y tiene que ser ambiental; debe haber un balance entre esos aspectos”.

Momento delicado para el cultivo

El Día del Agricultor, 15 de mayo, la presidenta y el ministro Ramírez asistieron a una actividad en Campo Ayala, donde asistieron trabajadores del sector, académicos y vecinos de Cartago. Laura Fernández firmó dos créditos internacionales aprobados por la Asamblea Legislativa el 11 de mayo, de forma unánime.

Uno fue de $350 millones entre Costa Rica y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), para el Programa de Reconstrucción y Desarrollo Territorial Resiliente al Clima, y otro con el BIRF y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola para financiar el Programa para una Agricultura Sostenible y Competitiva en Costa Rica ($136 millones), que debe ejecutar el MAG.

Claro está, no basta. El reto es grande. Para Ramírez, “toda la estrategia se da en potenciar esa productividad”. Eso se logra “a través de mayor productividad por hectárea, mayor adopción tecnológica, mejorar los sistemas de transferencia de conocimiento y tecnología, no solo a través de investigación y desarrollo, sino a través de las áreas de extensión”, explica.

Por otra parte, Ramírez desea enfocarse en una mejora regulatoria y en “facilitarle la vida a todos los productores”, con servicios más accesibles en plataformas digitales. Para ello, requiere un ministerio más flexible, dice (el MAG tiene 1872 funcionarios y su presupuesto del 2026 es de 71.955 millones, 11.000 millones más que el año anterior).

- ¿Cómo describe usted la salud del sector agrícola?

-A ver, nosotros tenemos una agricultura dual. La agricultura dual es tener un sector de agroexportación superpotente, con acceso a financiamiento, a mercados, a innovación, con tecnología y con departamentos robustos de investigación y desarrollo.

“Y después tenemos una agricultura más local que tiene poco acceso al financiamiento, no necesariamente tiene acceso a toda la tecnología y que tampoco está vinculada a cadenas o, si se puede decir, no necesariamente tiene acceso oportuno a canales de comercialización que sean justos.

“Entonces estamos en esa dualidad. ¿Cómo tomamos este sector que está un poco más enfocado en mercados locales y lo potenciamos para que pueda ser más competitivo y resiliente?“.

- Ese tipo de innovación y esa capacidad de adaptación requieren normalmente inversión. Estamos en un contexto de un Estado con una presión fiscal bastante significativa. ¿Cuánto margen ve usted para poder abrir espacios que permitan apoyar esas transiciones que son necesarias en todos esos sectores?

- El préstamo (del BIRF) va muy enfocado en esa área: tanto en transformación digital como en modernización institucional, así como en potenciar mecanismos de asistencia técnica e investigación. Tienen que ir de la mano. La investigación debe estar enfocada en solucionar los problemas del sector agroempresarial. Y la extensión agrícola tiene que estar enfocada en hacer la transferencia de este conocimiento para que su sector productivo pueda tomar las mejores las mejores decisiones.

-¿Cuál puede ser el rol de las universidades públicas en ese proceso?

- Las universidades son estratégicas para eso. No solo porque pueden priorizar la investigación y el desarrollo en función de las necesidades del sector empresarial, sino también porque pueden dar visibilidad a todo lo que están haciendo.

“Es decir, el talento humano costarricense en múltiples sectores es muy bueno, pero específicamente en el sector agrícola somos bastante competitivos. Tenemos profesionales y técnicos de primerísimo nivel en todas las áreas: desde suelólogos, fitopatólogos y especialistas en poscosecha, hasta expertos en manejo de aguas, entre otros (...)”.

- Y desde aquí, del ministerio concretamente, ¿cómo planea lograrlo?

- El año pasado, se creó un comité precisamente para poder priorizar la investigación y el desarrollo en cadenas estratégicas. Ahorita se están priorizando dos: una es plátano y la otra es yuca. En ambos casos, el sector académico tiene una participación directa.

“Por supuesto que hay muchas más cosas que se pueden hacer. Por ejemplo, contar con un observatorio de investigación y desarrollo, donde uno pueda consultar con un clic y decir: ‘Plátano’. Entonces se podría acceder a todas las investigaciones que se están desarrollando sobre plátano, quiénes son los investigadores, cuáles son los temas que se están trabajando y cómo se complementan entre sí”.

-Algunos sectores productivos han descrito la situación actual como una crisis. Incluso, uno de los productores utilizó la palabra “debacle”. ¿Cuál puede ser el rol que juegue un gobierno en este momento? Es decir, ¿qué actitud debería asumir frente a esa pérdida acelerada de empleo, de hectáreas cultivadas y de otros indicadores que los productores han venido señalando de manera reiterada, especialmente durante los últimos años?

- La agricultura, como tal, es un negocio. Es un negocio y el productor o productora —sea micro, pequeño, mediano o grande— cuando decide tomar sus recursos e invertirlos, espera obtener una utilidad, una mayor rentabilidad. Eso siempre hay que tenerlo presente: es una empresa, ya sea una microempresa o una empresa de mayor escala.

“Dentro de eso, se trata de cómo mejorar la competitividad para que el productor y la productora puedan tener mayores ingresos y puedan ser sostenibles en el tiempo. Eso se logra mediante intervenciones en distintos puntos de la cadena de valor.

“Nosotros no solo podemos potenciar la productividad por hectárea, sino también definir dónde se comercializa esa mayor producción: en la feria agrícola, en el PIMA, o mediante encadenamientos con empresas locales o con empresas exportadoras.

“En ese sentido, también hay ejes transversales: cómo se accede al financiamiento, y a un financiamiento adecuado a las condiciones del cultivo, considerando los ciclos productivos, las tasas de interés y los seguros”.

- ¿Cómo afrontar no solo esa caída en tareas cultivadas, en empleo, sino también cómo ve el gobierno las consecuencias que eso puede tener en tantas comunidades a lo largo el país, particularmente donde no hay fuentes de empleo de otro tipo?

- Nosotros somos un país de renta alta, aproximadamente. Para competir con países con matrices productivos similares, es complejo. Entonces, tenemos que trabajar en función de poder darle más valor a nuestro sistema productivo como tal. Y cuando hablo de más valor no me refiero al concepto estándar de valor agregado, sino a cómo estas cadenas de valor adquieren suficiente robustez para ser más rentables.

“Por ejemplo, la implementación de certificaciones, la introducción de servicios ecosistémicos, entre otros elementos, permiten que la cadena de valor sea más competitiva y pueda obtener un mayor rédito en comparación con otros países con una matriz productiva similar.

“Esto también implica que el sector productivo debe modernizarse en la adopción tecnológica, porque la mano de obra, si bien es un costo importante dentro del sector agrícola, no siempre está disponible en la cantidad que se requiere en los distintos sectores productivos”.

- Ocho productos agrícolas con caídas significativas, frijol, banano, café, caña de azúcar, naranja, palma, 20.000 puestos de trabajo menos. ¿El gobierno ve una urgencia en el sector agrícola o no es una urgencia?

- Efectivamente es una prioridad. Es una prioridad tal que recientemente se aprobó un préstamo del Banco Mundial, con el objetivo de destinar recursos a mejorar la institucionalidad y poder abordar esa problemática.

“También está el préstamo de 350 millones para resiliencia climática, que está enfocado en esa misma línea. También está toda la estrategia que se está potenciando para afrontar los efectos del cambio climático, en este caso específicamente del fenómeno de El Niño”.

Así las cosas, el ministro apuesta por la diversificación tecnológica. Pero tendrá que confrontar realidad políticas mucho más abarcadoras que la posibilidad de implementar mejores puntuales. Tiene que afrontar, para empezar, el hecho de que entre las protestas callejeras más prominentes que vivió el gobierno al que este da continuidad fue justamente de agricultores. Protestas que, por otra parte, fueron desestimadas por las figuras más prominentes del gobierno.

- En la administración anterior, por ejemplo, que continúa en esta, la exdiputada y ahora asesora ad honorem Pilar Cisneros, así como el ex vicepresidente (ahora diputado) Stephan Brunner dijeron a los productores agrícolas si la actividad no es rentable, si fue afectada por el tipo de cambio, debían cambiar de actividad. ¿Usted comparte esas declaraciones?

-Dependiendo. Lo que pasa es que eso no puede ser en general, porque cada uno cada uno de los escenarios hay que valorarlos, hay que ver. Trabajé muchos años en investigación y desarrollo, entonces uno dice: ‘Bueno, esta productividad y estas funciones pueden aumentar para poder ser más competitivos’. Uno puede decir, ‘Sí, no, hasta dónde puedo llegar’ Entonces, eso hay que verlo cultivo por cultivo y zona por zona.

-Claro, pero digamos esas apreciaciones de que...

- Diay, sí. Vuelvo al punto de que la agricultura es un negocio. Si tengo un producto con estas características, bajo estos costos de producción y bajo este esquema ideal, la pregunta es: ¿lo puedo mejorar? Si hay margen de mejora, se puede llevar hasta cierto punto. Si se puede llevar hasta ese nivel y es competitivo, por supuesto que el productor va a seguir.

- ¿Y si para los productores no es viable?

-Entonces hay que buscar las adyacencias o dónde diversificar esa canasta productiva, por así decirlo, para trasladarse hacia actividades donde realmente pueda ser competitivo.

- Usted decía que el sector es resiliente, pero, ¿tiene la capacidad de adaptarse con la rapidez suficiente, sobre todo considerando las afectaciones de El Niño...? La carencia de lluvias que estamos viendo, por ejemplo, es un factor que estará ocurriendo en esta temporada, ¿verdad?

- Sí, sí tiene la capacidad. Lo que hay que potenciar son los mecanismos de investigación y desarrollo para poder identificar dónde están esas esas oportunidades no solo a nivel productivo, sino también a nivel de mercado.

Viviremos muchos cambios en el sector agropecuario de Costa Rica. Queda mucho por cambiar, y el clima seguirá en flujo. Cada gobierno tiene que ser suficientemente elástico para responder en lo técnico... y en lo político. Las demandas llegarán de todas partes. Incluso del propio MAG, que como toda institución, tiene sus problemas y sus carencias y sus fortalezas. Salimos a tomar una foto, pero el zacate está muy alto. “Aquí lo que hay que hacer es una huerta”, dice el ministro. Hay mucho más en lista.




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