¿Español en el Mundial? Sí, gracias
La FIFA es una de esas organizaciones globales que tienen como objetivo fundamental no molestar a nadie. O a casi nadie. Algunos lo llaman diplomacia. Dejémoslo en cierta habilidad para pisar los menos charcos posibles. Resulta que en las primeras jornadas del campeonato, en los partidos en Estados Unidos en los que no participaban selecciones hispanohablantes, los organizadores prohibieron hacer preguntas y ofrecer respuestas en español. Hakimi, Vinicius y De Jong fueron los protagonistas involuntarios a preguntas de tres colegas en castellano. Los tres futbolistas, muy afables, se mostraron dispuestos a contestar en español... pero no había traductores. La FIFA sólo permitía que las consultas se realizaran en inglés y en la lengua de los dos equipos que protagonizan el encuentro, salvo que una de las selecciones solicitara un tercer idioma. Si se hubieran pasado por el Congreso y hubieran pedido asesoría a los socios del Gobierno de Sánchez expertos en pinganillos...
El malestar que empezó a rumiarse en España y Sudamérica llegó a la FIFA. Si el español es el idioma de uno de los tres países organizadores, México, y el segundo más utilizado en Estados Unidos con 57 millones de hispanohablantes, hay muy poco que discutir. Se multiplicaron los pinganillos, aparecieron los traductores y los comisarios de la FIFA pusieron su rostro más amable. La organización ni siquiera ofreció uno de esos comunicados insípidos de 500 palabras que no dicen nada.
La polémica se ha diluido con la velocidad que lo hace cualquier fenómeno viral. Con 48 selecciones como si no hubiera motivos para entretenerse. Para ello también han ayudado dos eventos que han usurpado la atención de la Copa del Mundo entre el público estadounidense. El primer título de la NBA de los Knicks desde 1973 y sus posteriores incidentes han tenido entretenido al personal. Lo vivido en París con la fiesta de la Champions fue un parque de bolas al lado del barullo montado por los radicales «knickerbockers». Y cuando las calles de Nueva York dejaron de arder, la mirada se trasladó a los Jardines de la Casa Blanca. Allí, con Trump en primera fila, llegó el show de la UFC y Topuria acabó en el hospital. Casi como la España de Luis de la Fuente.
