La sentencia de Ábalos me pilló viendo la televisión de pago. De pago por mis impuestos, quicir. Y lo vi. Lo vi en directo como el gol de Iniesta. Cómo cambiaron las caras. Se las prometían felices en lo de Javier Ruiz con la polémica del juez Peinado y los cánticos de los forofos del equipo de fútbol de Sabadell. Tenían planificada una escaleta victimista y de pronto vieron pasar la vida (y el sueldo público) por delante de los ojos. La sentencia llegó como los ovnis de Independence Day. Son más de doscientas páginas , pero a Ruiz y sus tertulianos les pareció fatal nada más saber las penas. Dijeron que 24 años para Ábalos, 19 para Koldo y...
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