El alcohol sigue perdiendo brillo entre los jóvenes y la mitad ha reducido su consumo o lo ha abandonado por completo. Un nuevo estudio de la FAD realizado entre españoles de 15 a 29 años muestra que el 35,6% afirma haber bajado su consumo y un 17,3% asegura haber dejado de beber. Eso sí, las bebidas espirituosas todavía persisten entre seis de cada diez, que lo consumen con frecuencia u ocasionalmente, muy especialmente en contextos de socialización. El estudio '¿Raro por qué? Discursos juveniles en torno al no consumo de alcohol', publicado este lunes, apunta a que persiste una «presión general para beber», especialmente en contextos de ocio y fiesta juveniles, donde el consumo continúa asociado a la integración en el grupo. Quienes no consumen alcohol afirman que, en muchas ocasiones, deben explicar o justificar su decisión ante otras personas. «Los resultados muestran que no existe una única forma de relacionarse con el alcohol. Junto a quienes mantienen consumos habituales encontramos jóvenes que han decidido reducirlos, abandonarlos o no iniciarlos. Sin embargo, también observamos que quienes se apartan de la norma siguen percibiendo presiones para consumir. Ese es uno de los principales retos que ponen de manifiesto estas investigaciones», ha dicho la directora general de FAD Juventud, Beatriz Martín Padura. Hoy la presión se relaciona con contextos de ocio y fiesta y la necesidad de «ser normal», encajar, integrarse en el grupo de pares y pertenecer a algo, explican los encuestados. Algunos reconocían haber llegado a hacer pequeñas concesiones en estos contextos. Además de las bebidas alcohólicas, la mitad de los jóvenes consume bebidas energéticas con frecuencia (17,2%) u ocasionalmente (33,7%). Además, dos de cada diez consumidores (de alcohol y de bebidas energéticas) reconocen mezclarlas con bastante o mucha frecuencia. Entre quienes combinan alcohol y bebidas energéticas, los principales motivos tienen que ver con el sabor. Casi la mitad (49,1%) afirma que le gusta más esta mezcla que otras combinaciones habituales, mientras que un 43,4% considera que la bebida energética mejora el sabor del alcohol. En menor medida, algunas personas jóvenes señalan que recurren a esta combinación para aguantar más tiempo de fiesta (27,7%) o porque creen que potencia los efectos del alcohol (18,7%). Este consumo combinado convive con una elevada percepción de riesgo. Tres de cada cuatro jóvenes consideran que la mezcla de alcohol y bebidas energéticas es muy dañina para la salud. Los resultados muestran así una diferencia entre la percepción de los riesgos asociados a esta práctica y la persistencia de determinados hábitos de consumo.