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¡Histórico y desgarrador! El llanto eterno de Messi, la fría premiación con Trump y la locura de España (fotos)

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“Somos campeones del mundo, somos campeones del mundo (...)”, cantaban los jugadores de la Selección de España tras levantar y besar esa copa anhelada por todos y que solo quedaría en las manos de una selección.

En el partido 104 del Mundial 2026, España venció a Argentina por 1-0 en tiempos extra, con un gol de Fernan Torres. Esa fue la sentencia y la puerta abierta para un derroche de emociones.

No en vano, aunque a algunos no les guste, para muchos el fútbol es el deporte más hermoso del mundo.

Tan lindo y poderoso que también resulta muy cruel, y la final de la Copa del Mundo 2026 en Nueva York regaló postales que difícilmente se olvidarán.

Unos lloraban de alegría y otros de tristeza y hasta hubo un caso particular podría describirse como desgarrador. En un MetLife Stadium que latía a 1.000 revoluciones por minuto, la España de la nueva era tocó el cielo con las manos.

España arrasó con los galardones. Primero fue el muro de la zaga, un indomable Pau Cubarsí declarado como el Mejor Jugador Joven del planeta.

Luego se premió al cerrojo absoluto de La Roja, un Unai Simón gigante que se llevó el Guante de Oro tras encajar un solo gol en todo el Mundial 2026 (de Bélgica en cuartos de final).

Y, por supuesto, el dueño del fútbol actual: Rodri, el motor incombustible, coronado como el mejor futbolista de la Copa del Mundo.

La épica de la victoria española tuvo como contraparte el drama más absoluto en el bando argentino. El protocolo se transformó en un calvario cuando la Scaloneta tuvo que desfilar para ir por la medalla de plata.

Hasta en eso guió a sus compañeros, porque Lionel Messi comandó el desfile caminando hacia un destino que no quería.

Era como una pesadilla para Argentina ver esa escena. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no sabía ni qué hacer.

Cuando entró a la cancha, Trump y Gianni Infantino recibieron abucheos. El mandatario estadounidense le colgó la medalla de subcampeón a Messi, quien ya tenía los ojos vidriosos.

Tras él, el resto de los integrantes de la Selección de Argentina desfilaba con el alma rota.

Pero a la vez sabiendo que lo dieron todo, y que lucharon hasta el final, porque cuando encajaron ese gol de Ferran Torres, ya era tarde. La tuvieron para el empate, que finalmente no llegó.

El estadio se convirtió en un manicomio de emociones: la hinchada Albiceleste, que era más en las tribunas, se negó a moverse. Y no hubo ningún reproche. Eso le dolió mucho más a Messi.

Los argentinos se rompieron la garganta, cantándole a él. Eso lo quebró más de lo que ya estaba roto.

Aunque el propio Messi no lo ha dicho, muchos temen que este haya sido su último partido en un Mundial. Y no fue como querían.

De ser así, si fue el último baile, el último tango, la afición no podía tener otra reacción que esa.

Messi, incapaz de contenerse y resistirse ante la gigantesca ola de amor y dolor, empezó a llorar desconsoladamente sobre el césped, bajo la mirada desolada de sus compañeros que lo presenciaban y lo sufrían.

Sus lágrimas eran un golpe duro para cualquiera. Con la cabeza baja y devorado por la tristeza, en un mar de lágrimas. Así se le vio caminar hacia el túnel que daba al camerino.

La televisión lo enfocaba y Messi desaparecía en la penumbra en una imagen que da la vuelta al mundo. Y en el fondo, todos saben que iba a refugiarse ahí para llorar más, en solitario.

España protagonizaba la otra cara de la moneda. En la tarima y en el podio estallaba en una locura absoluta y desenfrenada.

Ya Messi y sus compañeros los habían visto levantar la copa. Ahí se quedaron, y se retiraron cuando ya era justo y necesario entre la tortura.

Rodrigo, el capitán, era el único que faltaba por recibir su medalla. Ya todos sus compañeros la tenían en el pecho. Sin levantarla, pasó besando la copa.

Gianni Infantino y Donald Trump sostuvieron el metal dorado y se lo entregaron al capitán español, desatando el delirio ibérico.

El presidente estadounidense estaba robando cámara y no quería aparte del momento más esperado. Sin embargo, los jugadores no lo tenían invitado a su propia fiesta. Ellos aguantaron unos segundos, los que fuese necesario, para que se hiciera a un lado.

Cuando se corrió con el presidente de la FIFA, era el momento. Ahí sí, la Selección de España en pleno comenzó a festejar, ya con la preciada copa en mano y lo hizo por todo lo alto.

Ese podio convirtió en una fiesta brava, en el buen sentido de la palabra.

Uno por uno levantaron la copa, la segunda de La Roja en su historia, desatando ese cántico que solo ellos pueden gritar hoy por hoy: “Somos campeones del mundo, somos campeones del mundo (...)”.




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