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Июль
2026

España destina el 78% del gasto a apagar fuegos y solo el 12% a prevenirlos en un año con el doble de bosque calcinado

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España ha perdido más de 55.000 hectáreas de bosque en lo que va de 2026, más del doble que en el mismo periodo del año pasado, en una campaña marcada por las altas temperaturas y la sequía acumulada, que se han adelantado y agravado el riesgo de incendios. Pese a ello, especialistas del sector forestal advierten de que el modelo de gestión sigue centrado en apagar fuegos en lugar de vitarlo. Según sus datos, alrededor del 78% de los recursos públicos se destinan a la extinción, mientras que solo un 12% se invierte en prevención, una estrategia que consideran insuficiente ante el aumento de los grandes incendios.

El problema: un bosque no tiene valor económico hasta que arde

Detrás de ese desequilibrio, los especialistas señalan un problema de fondo: los bosques no aparecen reflejados como un activo económico en los balances contables. Su capacidad para almacenar carbono, conservar el suelo, regular el agua o mantener la biodiversidad carece de una valoración financiera reconocida, por lo que protegerlos suele percibirse como un gasto y no como una inversión.

Sin embargo, cuando un incendio arrasa una masa forestal, la factura es inmediata y medible. La patronal forestal ASEMFO estima que cada hectárea quemada puede generar pérdidas de hasta 19.000 euros, mientras que un gran incendio puede reducir hasta dos décimas el PIB de la región afectada. A ello se suma que las labores de restauración de terreno suelen resultar más costosas que la propia extinción.

"Gastamos una fortuna en apagar el fuego y casi nada en evitarlo porque, para las cuentas de una empresa o de un Estado, un bosque vivo vale cero hasta que se quema. Ese punto ciego es carísimo: más de la mitad del PIB mundial depende de la naturaleza y seguíamos sin herramientas para medir ese riesgo con rigor matemático", explica Miguel Ángel García Tamargo, fundador y CEO de NatureBrain y experto en finanzas climáticas

La inteligencia artificial busca poner precio a los bosques

Es precisamente ese hueco el que empieza a cubrir una nueva generación de tecnología. Entre ellas figura Helena AI, una inteligencia artificial predictiva desarrollada en España que combina modelos matemáticos, imágenes satelitales e inteligencia artificial para traducir variables biofísicas de un territorio en métricas financieras auditables.

La plataforma no solo analiza el estado actual de una masa forestal, sino que proyecta la evolución del crecimiento de los árboles, la disponibilidad de agua, la calidad del suelo y la capacidad de captura de carbono a largo plazo, y permiten simular decisiones antes de ejecutarlas, como planes de poda, gestión del terreno o incluso cambio de especies.

De gasto a inversión

Según García Tamargo, disponer de una valoración objetiva del patrimonio natural puede cambiar la forma en que administraciones y empresas afrontan la prevención de incendios. Si el valor de un bosque puede cuantificarse con rigor, invertir en su conservación deja de verse como un coste para convertirse en la protección de un activo cuyo deterioro puede medirse económicamente.

La misma lógica conecta con dos frentes muy presentes en la agenda. Por un lado la presión regulatoria europea contra el greenwashing, con normativas como la CSRD que exigen datos verificables, así como el auge de las finanzas climáticas, que mueven un mercado de capital natural estimado en 25 billones de dólares.




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