Los hijos no necesitan padres perfectos; necesitan padres presentes
Quienes trabajamos con niños y adolescentes sabemos que el desarrollo emocional comienza mucho antes de que un niño pueda expresar con palabras lo que siente. La forma en que es recibido, cuidado y acompañado por las personas adultas que lo rodean influye profundamente en la construcción de su seguridad, su autoestima y su manera de relacionarse con los demás.
El rechazo no siempre es evidente. Muchas veces se expresa mediante la falta de tiempo, de escucha o de atención a las necesidades emocionales de los hijos. Aunque las responsabilidades laborales y familiares son inevitables, cuando limitan de forma constante la presencia y el acompañamiento de los padres, el vínculo afectivo se debilita y la comunicación familiar comienza a deteriorarse.
A continuación, expongo algunos comportamientos que dificultan una comunicación afectiva y saludable entre padres, madres e hijos.
Padres y madres que no muestran interés por sus hijos. Desde el embarazo, los niños se benefician de un entorno afectuoso. Escuchar la voz de sus padres y sentirse esperados y valorados favorecen un desarrollo emocional seguro. Cuando perciben indiferencia o rechazo, pueden surgir sentimientos de inseguridad, frustración y dificultades para relacionarse con los demás.
Uso excesivo de la televisión y los videojuegos. El problema no son las pantallas en sí, sino la falta de límites y acompañamiento. Ningún dispositivo sustituye la presencia de un adulto disponible emocionalmente. En ocasiones, esta situación responde a las exigencias del trabajo; en otras, a la dificultad de encontrar espacios para compartir tiempo de calidad con los hijos.
Falta de acompañamiento en la formación académica. Educar va mucho más allá de cubrir los gastos escolares. Implica conocer el proceso de aprendizaje, mantener comunicación con la escuela o el colegio y brindar apoyo antes de que aparezcan las dificultades, no únicamente cuando llegan las malas calificaciones.
Padres y madres que no fortalecen los valores. Fomentar valores como el respeto, la dignidad humana, la responsabilidad y el aprecio por la vida ayuda a los hijos a construir una autoestima sana, confiar en sus capacidades y desarrollar relaciones saludables. La educación en valores es una base indispensable para su desarrollo integral.
La forma en que nos comunicamos con nuestros hijos deja una huella profunda en su autoestima, en su manera de expresar sus emociones y en la forma en que se relacionarán con otras personas a lo largo de la vida.
Recordemos que el amor, expresado en presencia, escucha y acompañamiento, sigue siendo la herramienta más poderosa para fortalecer a nuestros hijos y ayudarlos a crecer con seguridad y confianza.
rsolismep@gmail.com
Rocío Solís Gamboa es psicóloga con más de 40 años de experiencia en educación, niñez y adolescencia y violencia escolar. Fundó y dirigió la Contraloría de los Derechos Estudiantiles del MEP. Fue viceministra administrativa y viceministra académica del MEP, presidenta de la Comisión Unesco Costa Rica y miembro de la Junta Directiva del PANI.
