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Alemania descarrila en su plan para arreglar su red de trenes

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La escena se ha vuelto demasiado habitual en Alemania. Una ruta ferroviaria se cierra durante meses, los viajeros aceptan autobuses de sustitución y trayectos más largos con la promesa de que después llegará la calma, pero cuando los trenes vuelven a circular no siempre aparece la red saneada que se había anunciado. A veces llegan nuevos retrasos, obras pendientes. A veces la explicación oficial se limita a hablar de “dificultades iniciales”, una expresión que en lo que se refiere a los trenes empieza a sonar casi como parte del billete. Ese es el problema de fondo de la gran renovación ferroviaria alemana. La Deutsche Bahn (DB), la compañía ferroviaria pública alemana, y el Gobierno federal quieren reparar a golpe de cierres totales los corredores más importantes del país, después de años de falta de inversión.

La idea parecía razonable cuando arrancó hace dos años; en lugar de seguir parcheando una red enferma sin detener nunca del todo el tráfico, se cerraba una línea durante varios meses, se concentraban allí las obras y después debía haber años sin nuevas intervenciones. No obstante, la realidad está siendo más áspera. La ruta entre Hamburgo y Berlín, una de las conexiones más simbólicas del país, debía demostrar que el modelo funcionaba. Estuvo cerrada más de diez meses, se renovaron tramos enteros y varias estaciones, pero la reapertura llegó con seis semanas de retraso y con problemas que todavía se notaban en los primeros días de circulación. Los trenes de larga distancia acumulaban demoras, la velocidad seguía limitada en algunos puntos y parte de la nueva señalización aún no estaba del todo comprobada. Para los vecinos de localidades como Falkensee, que habían pasado meses desconectados de la red directa con Berlín, el regreso del tren fue un alivio que resultó ser un espejismo. El caso no es aislado. En Baviera, la DB tuvo que aplazar la reapertura de la línea Núremberg-Regensburg por retrasos en los sistemas de señalización. La empresa pidió disculpas pero el daño ya estaba hecho, sobre todo para un transporte de mercancías que lleva meses circulando al límite entre obras mal coordinadas. En Renania del Norte-Westfalia, la conexión Hagen-Wuppertal-Colonia volvió a funcionar tras su saneamiento, aunque también allí aparecieron problemas tras una obra concebida precisamente para reducir averías.

Lo que está en juego rebasa la técnica ferroviaria. La DB es una empresa pública y cada retraso en una obra de cientos de millones de euros acaba siendo también un problema político. El ministro de Transportes, Patrick Schnieder, recién destituido por Merz y sustituido por Steffen Bilger había señalado en varias ocasiones a la propia empresa y había pedido explicaciones sobre qué falló y qué debe cambiar. Sus críticos le recuerdan que el Estado no es un espectador externo, sino el dueño de la compañía. Si el dinero es público y la red es estratégica, el Gobierno no pue, de limitarse a mirar desde el andén y culpar al operador cuando el plan no sale. Con todo, la duda es si existe de verdad un plan nuevo o es solo una versión algo corregida del anterior. El Ministerio quiere mantener los cierres totales, aunque admite que quizá haya que repartir mejor las obras y medir con más cuidado el impacto regional. Preguntado por la prensa alemana, el experto ferroviario Christian Böttger resumió el caos al advertir de que no ve ni en el Ministerio ni en la DB un nuevo plan serio y de ahí que muchos miren a octubre cuando la renovación de la línea entre Berlín y Hannover intentará mantener parte del tráfico en una vía mientras se trabaja en la otra.

La crisis coincide además con un momento de debilidad política. Schnieder había pedido su salida del Ministerio tras días de confusión en la remodelación del Gobierno de Friedrich Merz, justo cuando él mismo advertía de que en la DB hay decisiones urgentes que no admiten más demora. El relevo no arregla las vías, pero refuerza la impresión de que también en Berlín falta continuidad para una reforma que se prolongará hasta mediados de la próxima década. Alemania no ha perdido de golpe la capacidad de organizar grandes obras. Lo que ha perdido es la confianza de muchos viajeros en que una promesa ferroviaria se cumpla en la fecha prevista y con el resultado anunciado. La DB quiere convertir sus corredores renovados en la base de una red más fiable pero de momento, cada reapertura sigue siendo una prueba de paciencia. Y en un país que durante décadas hizo de la puntualidad una parte de su imagen, pocas cosas pesan tanto como esperar en un andén sin saber si detrás de las obras hay realmente un plan.




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