Odiseo sabía algo que los poderosos olvidan
Hace unos días, fui con amigos a ver la nueva adaptación de La Odisea, dirigida por Christopher Nolan. Después de casi tres horas de viaje, salimos de la sala cubiertos de viento, mar, acantilados y paisajes mediterráneos.
Luego fuimos a tomar algo para conversar. Cuando íbamos de camino, un amigo comentó:
—¡Qué raro que dejaran afuera el diálogo de Nadie!
Claro. Nadie.
Hacía mucho tiempo que no pensaba en la cueva de Polifemo. Pero bastó escuchar la palabra para recordar ese pasaje que no leía desde el colegio.
Cuando llegué a la casa, me fui directo a la biblioteca y busqué el libro. La Odisea cuenta el regreso del rey de Ítaca, tras diez años de combatir en Troya. En una edición ilustrada por Juan Carlos de Pablo, encontré una imagen que hoy me parece casi infantil, pero reveladora.
Polifemo le revienta la cabeza a uno de los soldados contra una piedra. Con la otra mano, sostiene a Odiseo mientras lo observa con la boca entreabierta. No hay forcejeo. El hombre habla y el cíclope escucha con atención.
Odiseo había encontrado en la cueva de Polifemo ovejas, queso y una hoguera encendida. Esperaba encontrar un anfitrión. En el mundo de Homero, existía la obligación de recibir al extranjero: primero, se le ofrecía comida y refugio, y solo después se le preguntaba quién era. Esa era la ley de Zeus.
Polifemo hace lo contrario. Devora a varios de los hombres de Odiseo y cierra la salida de la cueva con una enorme roca.
—¿Cuál es tu nombre? —pregunta Polifemo.
—Mi nombre es Nadie —responde Odiseo, con un plan en la cabeza.
Odiseo emborracha al cíclope y lo ciega con una estaca endurecida al fuego. Los gritos despiertan a otros cíclopes, que acuden en su ayuda.
—¿Quién te está haciendo daño? —preguntan.
—¡Nadie me ha hecho daño!
Y así, convencidos de que nadie está atacando a Polifemo, vuelven a sus cuevas.
A la mañana siguiente, cuando el cíclope deja salir a sus rebaños, Odiseo y sus hombres escapan ocultos bajo el vientre de las ovejas.
Esta escena todavía nos sigue pareciendo brillante y convirtió a Odiseo en el héroe más sagaz de la literatura occidental.
Al día siguiente de ver la película, seguí conversando con mi pareja sobre la ausencia de este pasaje. Si resume tan bien el carácter de Odiseo, ¿por qué quedó fuera? Lo primero que comentamos fue que eliminar el episodio de Nadie era como adaptar Hamlet sin el “To be or not to be”. Hacía que faltara el corazón del personaje.
Volvimos a otras versiones de la Odisea para ver qué personaje habían decidido contar. El Odiseo que aparece en Troya convence a Aquiles, sin discutir con él: primero escucha, después entiende y luego habla. Es el estratega. El diplomático. El hombre que sabe leer al otro.
El Odiseo de Homero es muchas cosas a la vez. Es el guerrero que resiste diez años de guerra y el hombre que llora escuchando cantar sus propias hazañas. Es el rey que solo quiere volver a Ítaca y el viajero que no puede evitar dejarse tentar por lo desconocido. Es agudo, paciente y orgulloso. Homero nunca escribió héroes sencillos.
Tampoco escribió monstruos sencillos. Polifemo vive entre rebaños, hace queso y habita una cueva que parece un hogar civilizado. Sin embargo, para sorpresa de Odiseo, tiene la mala costumbre de comerse a sus invitados. Homero sugiere que la barbarie no depende del aspecto, sino de la forma en que se trata al extranjero.
Tres mil años después seguimos en la cueva de Polifemo. Seguimos hablando de migración, fronteras, refugio, solidaridad. Seguimos enfrentándonos a quienes creen que el poder está por encima de todo y que no hace falta convencer a nadie.
Seguimos parados frente al monstruo de la cueva. O frente a alguno de los que llegaron después, con su prepotencia a cuestas y sus gestos autoritarios.
Odiseo es un héroe de la inteligencia. Frente a la fuerza, piensa; frente al abuso del poder, observa; cuando todos los caminos parecen cerrados, encuentra una salida. Quizá por eso la escena de Nadie es mucho más que un ingenioso juego de palabras. Es una lección sobre lo que puede hacer la astucia cuando el poder deja de escuchar.
Italo Calvino escribió que “un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir”. Tal vez por eso seguimos volviendo a la cueva de Polifemo. No para descubrir cómo escapa Odiseo, sino para preguntarnos, una vez más, quiénes son hoy los dueños de la cueva y qué recursos nos quedan cuando el poder deja de escuchar.
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Emma Tristán es geóloga y consultora ambiental.
