A ver quién era el guapo que levantaba una tarde que se precipitaba al vacío. A ver quién era el tío con la capacidad y los arrestos suficientes para aupar aquello. Pues hubo uno que obró el milagro, curiosamente el que había entrado por la vía de las sustitución para ocupar el puesto de Morante, sobre cuya ausencia -de una de las plazas que más necesitan a las figuras- las malas lenguas se afilaron a medida que avanzaba el día, con comentarios que iban desde la taquilla al dinero, como el bautismo del primer toro de Carmen Lorenzo (mejores los de rejones que los de lidia a pie). Contaban que apenas hubo devoluciones, pues la gente ya había hecho su...
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