La guerra con Irán lleva al límite al USS Abraham Lincoln tras más de 260 días desplegado
El USS Abraham Lincoln debía estar de regreso en casa hace meses. En cambio, el portaaviones estadounidense continúa desplegado tras más de 260 días, buena parte de ellos vinculados a las operaciones militares contra Irán, mientras las denuncias sobre las condiciones de vida y la salud mental de sus más de 5.000 marineros e infantes de Marina han convertido al buque en un nuevo foco de presión sobre el Pentágono y la Administración de Donald Trump.
La alarma aumentó este mes después de que un marinero cayera por la borda. Tres funcionarios estadounidenses confirmaron a medios de comunicación el incidente y dos de ellos explicaron que el tripulante fue rescatado rápidamente. Según uno de los funcionarios, llevaba un chaleco salvavidas y no sufrió heridas. Fue evaluado y tratado antes de ser trasladado fuera del portaaviones para recibir atención adicional.
No habría sido el primer caso
El episodio ha adquirido mayor relevancia después de que Military Times informara de otros casos de tripulantes que habrían intentado saltar por la borda durante el prolongado despliegue. La Marina no ha precisado cuántos incidentes de este tipo se han producido y asegura que no ha detectado un incremento de las ideas o intentos suicidas a bordo. También sostiene que el buque dispone de personal médico, profesionales de salud mental y capellanes para atender a la tripulación.
Pero los relatos de familiares y legisladores dibujan una situación más complicada. Las quejas recogidas por medios estadounidenses incluyen problemas de fontanería, escasez de determinados alimentos y productos básicos, dificultades con el correo y un creciente agotamiento entre los marineros. El despliegue comenzó en noviembre de 2025 y el portaaviones ha pasado largos periodos sin tocar tierra. Funcionarios de la Marina han explicado en público que haber superado los 200 días sin escalas regulares supone un récord en la era moderna de la fuerza naval estadounidense.
Los demócratas piden explicaciones al Pentágono
Las denuncias han llegado al Congreso. El senador demócrata Richard Blumenthal, miembro del Comité de Servicios Armados, y otros legisladores han pedido explicaciones al Pentágono sobre la duración del despliegue, las condiciones a bordo y los recursos disponibles para proteger la salud de los militares. El representante demócrata Mike Levin, cuyo distrito incluye una importante comunidad militar en California, también ha reclamado respuestas.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha rechazado la imagen de una crisis generalizada y sostiene que algunas informaciones han presentado de manera incorrecta las condiciones del buque. El Pentágono insiste en que los militares reciben apoyo durante el despliegue y que la rotación del Lincoln forma parte de la planificación de la Marina.
El relevo ya está en marcha: El USS George Washington navega hacia Oriente Próximo para sustituir al Abraham Lincoln. Según Associated Press, el nuevo portaaviones salió de Vietnam y se dirige hacia el océano Índico. El movimiento permitirá finalmente iniciar el regreso del Lincoln, aunque también ilustra las exigencias que la guerra está imponiendo sobre una flota estadounidense que dispone de solo 11 portaaviones operativos.
Se disparan los costes sin un final en el horizonte
El Abraham Lincoln se ha convertido así en una representación visible de un conflicto que Trump no ha conseguido cerrar. Estados Unidos sostiene que puede mantener indefinidamente el bloqueo naval sobre Irán mediante la rotación de buques, pero la guerra lleva ya meses consumiendo recursos militares y elevando su coste económico. El Pentágono calculó en julio que las operaciones habían costado 37.500 millones de dólares hasta ese momento.
Ese desgaste comienza también a adquirir una dimensión política, porque aproximadamente dos tercios de los estadounidenses se oponen a la guerra y de que el conflicto, junto con el aumento del precio de los combustibles y la inflación, está debilitando a Trump cuando faltan menos de tres meses para las elecciones legislativas del 3 de noviembre. Un análisis actualizado de las encuestas de Silver Bulletin sitúa el apoyo neto a la guerra casi 20 puntos por debajo del rechazo.
Los demócratas intentan vincular esos problemas, concentrando sus críticas no solo en la decisión de entrar en guerra o en su coste presupuestario, sino también en sus consecuencias para los militares que deben sostenerla. La situación del Lincoln les ofrece un argumento especialmente sensible: mientras la Casa Blanca asegura que Estados Unidos puede mantener la presión sobre Teherán durante el tiempo que sea necesario, algunos de los militares encargados de hacerlo llevan nueve meses lejos de sus hogares.
Cambiar el foco
Para Trump, el problema llega cuando los republicanos necesitan cambiar el foco hacia la economía antes de noviembre. El presidente ha intentado destacar las rebajas fiscales y otros aspectos de su agenda doméstica, pero las encuestas muestran descontento tanto con la economía como con la gestión de Irán. Históricamente, además, el partido que controla la Casa Blanca suele perder escaños en las elecciones de mitad de mandato.
El regreso del Abraham Lincoln permitirá aliviar la presión inmediata sobre su tripulación, pero no resolverá el problema de fondo. Mientras Estados Unidos mantenga su actual nivel de operaciones contra Irán, el Pentágono tendrá que seguir rotando portaaviones, personal y recursos para sostener una presencia militar que ya se prolonga durante meses. Con el George Washington camino de la región, la atención pasará ahora a cuándo podrá completar el Lincoln su regreso a Estados Unidos y a las explicaciones que la Marina deberá ofrecer al Congreso sobre uno de los despliegues más largos de su historia reciente.
