Ni Almansa ni Cartagena de Indias, esta fue la batalla naval que marcó el final del Imperio Español
Los amantes de la Historia de España saben que nuestro país fue, en su momento, llegó a ser uno de los imperios más grandes de la historia junto al británico, mongol y el ruso. Tal fue su envergadura que, entre los siglos XVI y XVIII, fue el más poderoso del mundo, con territorios tanto en Europa como en América, África y Asia. Una época que, sin embargo, llegó a su fin total en 1898 con la pérdida de Cuba.
Aunque muchos marcan el inicio de la caída del Imperio Español durante la crisis de 1808, cuando las tropas de Napoleón invadieron España, dando como resultado la Guerra de la Independencia española, lo cierto es que su declive comenzó durante la Guerra de los Ochenta años (1568-1648). Este fue el conflicto bélico más duradero de los que tuvo que enfrentar la Monarquía Hispánica, lo que supuso una innumerable pérdida de recursos y de soldados.
Esta guerra, también conocida como la revuelta neerlandesa, surgió por el enfrentamiento entre la corona española contra las Provincias Unidas de Holanda, el antecedente de los actuales Países Bajos. Estas últimas, decidieron levantarse ante su descontento con el aquel entonces rey español Felipe II, provocando una serie de batallas navales cuyo escenario era el Canal de la Mancha, el Caribe y el Sudeste Asiático.
Una flota de 14.000 hombres partió al Canal de la Mancha con el objetivo de debilitar a los holandeses
Sin embargo, hubo una batalla que marcaría el desenlace de esta larga guerra y, con ello, el declive del Imperio Español. Esta fue la Batalla de Las Dunas, en 1639, durante el reinado de Felipe IV. Una batalla que surgió tras las órdenes del valido real, el Conde Duque de Olivares, de llevar a cabo un ataque marítimo y terrestre, confiando en la superioridad numérica con la que contaba la monarquía en aquel momento.
Para llevar a cabo esta hazaña, el valido puso al mando a Antonio de Oquendo y Zandategui, almirante general de la Armada del Mar Océano y quien llegó a participar en cien combates navales. Este tenía el objetivo de hacer llegar a los Tercios, las unidades de infantería más prestigiosas del imperio, que se encontraban en plena campaña en Flandes, tanto el dinero como el material militar suficiente para lograr la victoria.
Asimismo, buscaban rebajar la confianza de los holandeses con una serie de ataques. Para ello, dispusieron una flota compuesta por galeones y barcos mercantes, en los que viajarían 14.000 soldados, tanto españoles como de otras nacionalidades. Los barcos partieron de A Coruña hacia el Canal de la Mancha con una clara superioridad numérica, aunque con efectivos con poca experiencia en combate y escasas provisiones, como explican en "National Geographic".
A pesar de superarles en número, la flota holandesa logró derrotar a la española
Ello, sumado a las características de los cañones holandeses, provocó que en el primer enfrentamiento con la flota holandesa, al mando de Martin H. Tromp, tuvieran que retirarse debido al número de daños que sufrieron. Aunque aquí no finalizó la batalla, pues los ataques continuaron dos días después, provocando que ambos bandos tuvieran que refugiarse en busca de aprovisionamiento.
Durante el enfrentamiento, la flota española aprovechó para mandar a varios barcos mercantes con materiales hacia los Tercios que se encontraban en Flandes. Y, tras la retirada, de Oquendo puso rumbo al puerto inglés The Downs, el cual terminaría dando nombre a esta batalla. Conocida como la batalla naval de las Dunas, esta comenzó después de que los holandeses, aprovechando las características del terreno y que los españoles se encontraban abasteciéndose, decidieran atacar.
El combate comenzó el 20 de octubre de 1639 y rápidamente lo que debería haber sido una zona de reabastecimiento se convirtió en una peligrosa trampa para los españoles. Aquella zona se caracterizaba por presentar espesas nieblas. Además, los holandeses hicieron uso de burlotes, antiguas embarcaciones cargadas de material inflamable a las que prendían fuego y lanzaban hacia la flota enemiga.
Una combinación de factores que provocó que el Imperio Español perdiera 6.000 hombres y 43 naves, mientras Antonio de Oquendo lograba escapar solamente con nueve galeones. Una derrota que presagiaría el resultado de la Guerra de los Ochenta Años y marcaría el inicio del declive de uno de los imperios más poderosos del mundo.
