A lo largo de la historia de la humanidad, el progreso ha sido medido normalmente por nuestra capacidad para controlar el entorno. Calefacción en invierno, aire acondicionado en verano y una temperatura constante son elementos que han hecho del
confort un elemento diario. En consecuencia, este elemento ha transformado también la forma en la que sentimos nuestro propio cuerpo.
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