Electricidad: pagaremos caro el costo de no actuar
El mundo está acelerando su electrificación. La inteligencia artificial, los centros de datos, la manufactura avanzada y la electromovilidad están aumentando las necesidades de electricidad y obligando a los países a preparar sus sistemas para competir por las inversiones de la nueva economía.
Costa Rica no compite sola. Una empresa que evalúa dónde instalar una operación compara disponibilidad, confiabilidad, costo y origen de la electricidad. Nuestra matriz renovable es una extraordinaria ventaja, pero no es suficiente si no podemos garantizar la energía que demandará el crecimiento.
Las señales merecen atención. El regulador general advirtió recientemente de que, al año 2050, Costa Rica deberá multiplicar por cuatro lo desarrollado en generación y transmisión durante 125 años. También señaló que la demanda eléctrica debería crecer alrededor de 3,5% anual para generar riqueza. Por su parte, el viceministro de Energía fue contundente: “La oferta eléctrica está limitando el crecimiento económico”.
El análisis del Consejo de Promoción de la Competitividad (CPC) refuerza esa preocupación. Mientras el escenario medio del ICE contempla un crecimiento promedio de la demanda cercano al 2% anual entre 2024 y 2040, escenarios asociados con centros de datos alcanzan alrededor de 3,5%, y con electrificación, 3,2%.
A ello se suma el clima. Una mayor variabilidad hidrológica obliga a diversificar nuestra matriz y complementar la hidroelectricidad con geotermia, viento, sol, biomasa, almacenamiento y otras tecnologías. De lo contrario, periodos adversos podrían aumentar la necesidad de respaldo térmico, presionando precisamente dos objetivos que debemos proteger: la descarbonización y las tarifas. Se trata de una situación particularmente compleja de cara al conflicto en Oriente Medio.
Ante esta realidad, Costa Rica debe avanzar con la reforma del sistema eléctrico.
Tenemos una gran oportunidad para sumar inversión, generación y nuevas fuentes bajo reglas claras, preservando las fortalezas que el país construyó durante más de un siglo. En particular, porque los actores del sector eléctrico están de acuerdo con la armonización que propone el proyecto.
Además, debemos avanzar hacia una mayor integración regional para ampliar nuestras opciones: eso nos permite contar con respaldo cuando lo necesitemos y aprovechar excedentes para exportar electricidad cuando las condiciones sean favorables.
Pero esta discusión no es solo sobre empresas, mercados o megavatios. Es sobre competitividad y calidad de vida. Electricidad confiable y competitiva significa empresas que pueden producir, inversión que puede llegar, empleos que pueden crearse y territorios con mayores oportunidades. El Índice de Competitividad Nacional (ICN) del CPC muestra que los cantones más competitivos presentan mejores condiciones en la dimensión eléctrica.
La Asamblea Legislativa tiene hoy la oportunidad de modernizar el sistema sin renunciar a aquello que Costa Rica ha hecho bien. La discusión sobre la armonización no debería centrarse únicamente en quién gana o pierde espacio en el mercado, sino en qué gana el país: mayor seguridad energética, más posibilidades de generación limpia, mejores condiciones para competir y mayor bienestar para las personas.
Postergar tampoco es una decisión neutral. Los proyectos eléctricos requieren años de planificación, permisos, financiamiento y construcción. Cuando aparece un faltante, la capacidad de reaccionar rápidamente es limitada y, casi siempre, más cara.
El costo de actuar puede discutirse. Pero también debemos hablar del costo de no hacerlo.
Costa Rica ya hizo el diagnóstico. Ahora corresponde tomar decisiones. La electricidad que necesitaremos mañana depende de las decisiones que tomemos hoy.
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Shirley Saborío es vicepresidenta ejecutiva del Consejo de Promoción de la Competitividad.
