Matthew Brennan, tercera victoria en la Vuelta y un destino ligado al de Pogacar
La Vuelta a España nació como un diálogo sin fin entre Tadej Pogacar y Matthew Brennan. A cada victoria del esloveno le respondía el británico con una victoria en el esprint. Así se repartieron las cinco primeras etapas, que eran seis porque la tercera, con final en Font Romeu, tuvo que cancelarse. Cada paso del esloveno en el podio era respondido por el británico con otro. Hasta que Leknessund se impuso en Valdelinares y todo cambió.
La lógica decía que los dos ciclistas no podían repartirse de forma equitativa las 20 etapas después de restar la de Font Romeu, pero la carrera hacía evidente que Tadej gobernaba en las cuestas y Brennan cuando tocaba acelerar en las llegadas. Sólo hubo una excepción, un día en que todo salió mal. El sábado pasado, en la octava etapa, Pogacar se fue al suelo después de tropezar con un objeto. Se rompió la clavícula, una vértebra cervical y la Vuelta se acabó para él. Pero la carrera seguía y la rutina decía que Brennan debía imponerse en el esprint en la playa de Xeraco. Pero el día que se marchó Pogacar desapareció también Brennan de los primeros puestos del esprint. Hubo una caída en la llegada que complicó todo y Brennan terminó décimo. Lejos de conseguir su tercera victoria.
Ese triunfo ha tenido que esperar hasta la undécima jornada de la Vuelta, en Lorca. Otra vez la fuerza de la costumbre en la jornada previa al ascenso a Calar Alto que puede ayudar a definir la carrera. Cambia el escenario, cambian los rivales –esta vez se impuso a Coquard y a Meeus– ante las ausencias de Pedersen y de Groves, retirados. Pero hay algo que no cambia: la labor de Wout Van Aert. El belga lanzó el esprint como es habitual y después no se dejó ir porque el maillot verde que luce es su objetivo y quiere conservarlo hasta Granada. "Es un modelo, siempre cumple con su rol y está comprometido con su función", dice Brennan de él. El británico, con su fiabilidad en los esprints, ha conseguido hacer de uno de los mejores corredores del mundo su mejor gregario, su mejor lanzador. Entre él y Laporte lo lo llevan hasta los últimos metros y después él, se encarga de rematar. Aunque ya no esté Pogacar y no puedan seguir manteniendo ese diálogo que enlazaba las victorias de uno con las de otro.
