A tres días de que suene el silbato y comience el encuentro de la cuarta jornada de LaLiga entre el Rayo Vallecano y el Racing de Santander , nadie es capaz de afirmar dónde se disputará el partido. El equipo franjirrojo no ha podido pisar aún el Estadio de Vallecas, su casa, clausurado desde el pasado mes de julio por la Comunidad de Madrid tras una auditoría demoledora. Mientras el club se aferra a volver a su feudo, su rival ya prepara el autobús con destino a Leganés. El miércoles, los vecinos del barrio amanecieron con una noticia esperanzadora. Los técnicos enviados por el Gobierno autonómico —los mismos que inspeccionaron el recinto el pasado diciembre— visitaron las instalaciones y trasladaron a la directiva rayista que el campo reúne las condiciones necesarias para acoger el choque del sábado. Sin embargo, el proceso no resulta tan sencillo: falta el trámite decisivo con la redacción del informe técnico final que debe elevarse a la Comunidad de Madrid, de cuya resolución depende el dictamen definitivo. Desde la entidad vallecana, el gesto fue interpretado como un triunfo inminente. José María Sardá, vicepresidente del club, salió al paso para solicitar contundencia: «Espero que haya coherencia institucional a la hora de ver cómo los técnicos han salido de aquí con absolutamente, no el 99 %, sino el 100 % de todo favorable». El dirigente reclamó «menos declaraciones y más atención a la realidad». Acompañado durante la inspección por el capitán , agradeció públicamente su presencia: «Hemos tenido la oportunidad de que Óscar Valentín estuviera presente para verificar que no lo decimos nosotros, que lo dicen los técnicos, los que realmente hicieron el primer informe». Y zanjó, visiblemente impaciente: «¿Qué tenemos que esperar? Ya no hay nada más que esperar». En la Comunidad de Madrid , en cambio, rebajan el optimismo. Se insiste en que los técnicos desplazados carecen de capacidad ejecutiva y que el paso determinante será el informe de la empresa auditora. Además, el presidente Raúl Martín Presa habría mantenido una reunión de más de una hora con los evaluadores para exponer su posición sobre el estado del feudo vallecano, un movimiento que la administración ha interpretado como una medida de presión ante la auditora y el propio Gobierno autonómico a la espera del dictamen final. En Santander, mientras tanto, ya preparan las maletas. En el seno del club racinguista se asume que el partido se jugará «claramente» en Butarque , feudo del CD Leganés donde el Rayo ya disputó su compromiso de la segunda jornada . Su director de comunicación, Roberto González, explicó que la entidad cántabra recibió el pasado viernes un correo de LaLiga notificando dicha sede, con copia a la junta directiva franjirroja, a varios departamentos de la RFEF y al CTA. Desde entonces, nada ha cambiado en su planificación. «Nosotros nos fiamos de lo que nos han comunicado oficialmente a todas las partes», insistió, tras aclarar que el club «no ha presionado» para jugar en un escenario concreto. Las consecuencias de esta incertidumbre las vuelven a pagar los aficionados. Desde el Racing admiten haber encontrado «problemas logísticos para organizar el viaje» al confirmarse el escenario con tan poco margen de maniobra, añadiendo una circunstancia aún más anómala: la imposibilidad de garantizar entradas para su hinchada. «Llevamos desde el viernes intentando contactar con el Rayo para saber si podrán adquirirse localidades, cuántas y a qué precio», explican desde la entidad cántabra. «Lo que no podemos afirmar en estos momentos es si se van a vender o no entradas para nuestros aficionados». Sardá, por su parte, apeló al arraigo del club: «Nos estamos jugando mucho. La afición necesita jugar en su campo. No hay derecho a que se la trate de esta manera. Para comprender esta historia hay que remontarse al 28 de julio . La Comunidad de Madrid —propietaria del estadio, que cede al club en régimen de concesión— dictó una orden de extinción de dicha concesión e impuso su suspensión inmediata como medida cautelar. Detrás de ello figuraba una auditoría realizada en octubre cuyas conclusiones eran demoledoras: se hablaba de «obsolescencia generalizada» y de un «severo incumplimiento normativo» que impedía garantizar la seguridad y la salubridad de los asistentes. Tras ello, el Rayo llegó a impedir de manera insólita, hasta en dos ocasiones, la entrada de los técnicos enviados para realizar las obras. El 3 de agosto, los capitanes Isi Palazón e Iván Balliu se reunieron con los directivos y los responsables del Gobierno regional para desbloquear el acceso, que finalmente se produjo al día siguiente. «Esto no es un enfrentamiento entre el club y la Comunidad, sino una reclamación de responsabilidad hacia el propio club», afirmó entonces el consejero, quien anunció tres vías de actuación paralelas: colaboración, requerimientos técnicos y procedimiento jurídico. «Ninguna de ellas se interrumpe», advirtió. Apenas un mes después, la desconfianza es total y creciente. El club ha acusado a la consejería de «retrasar deliberadamente» su regreso y de haber mantenido oculto durante más de siete meses el informe que motivó el cierre, documento en el que la directiva asegura haber detectado «errores y omisiones»; también esgrime que LaLiga emitió el 15 de agosto un informe de emergencias sin señalar deficiencia alguna. Sardá dejó caer incluso una sospecha que prefirió no rematar: «No sé qué hay detrás para que esto no pueda salir adelante de una manera natural, normal. Prefiero no pensar lo que hay detrás». Y recordó unas palabras del propio consejero en Leipzig: «Hace dos meses no decía lo mismo. Decía que este era un club de Primera, que el estadio estaba de Primera, y de hecho está grabado». Todo esto le ocurre a una entidad que este año cumple 102 años de historia, que la pasada temporada terminó en octava posición y rozó el título de la Conference League, y que ha arrancado el presente curso con solo un punto de nueve posibles. Su feudo, con capacidad para poco más de catorce mil espectadores, es uno de los más singulares del fútbol español y el corazón de un barrio que lo considera bastante más que un simple recinto deportivo. Ese mismo barrio lleva más de un mes sin fútbol y aún no sabe si el sábado tendrá que desplazarse hasta Leganés para ver a los suyos ejercer como locales.