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Angy Fernández: «Me gusta estar en pareja, pero no a costa de mi salud»

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Abc.es 
Con la voz nasal y el pecho todavía congestionado, Angy va dejando atrás un proceso vírico que no le ha impedido subir al escenario para el estreno de una función, 'Las irresponsables', que vive como una experiencia algo catártica: «Mi personaje, Lila, se acerca a la crisis de los cuarenta, no tiene hijos y se ha quedado soltera tras una relación tóxica». «Conozco bien lo que eso significa porque estoy un poco en ese punto vital, incluso siento que hay frases del texto que me resuenan y emociones que he vivido, sobre todo las relacionadas con la dependencia y el dolor», admite. «Pero no es una obra escrita para mí , muchas espectadores podrán también identificarse con ella. Reconozco que al principio de asusté al ver con lo que debía enfrentarme, pero lo bueno es que acaba la función y me puedo volver a casa dejando todos esos sentimientos en el escenario porque ya no están en mi vida». Angy se ha labrado una carrera que ella misma define como «algo caótica porque no respondía a ninguna estrategia». «He ido fluyendo, aceptando lo que me proponían porque me gusta todo, disfruto cada una de las posibilidades que me ofrece esta profesión». Así, la hemos visto cantar ('Factor X'), escribir ('Un bonito desastre'), actuar ('Física o química'). La televisión le abrió las puertas, pero el teatro le procura un placer especial: «Me hace feliz porque es un ritual que refleja la verdad». Y el público es cómplice del proceso: «De alguna manera, todos queremos la validación de los demás , buscamos el aplauso. Solo deseamos que nos acepten, que nos quieran, que no nos dejen de lado». Pero ha descubierto el ansia que acompaña esta búsqueda se calma con el tiempo: «Ya no espero esa validación. No me regulo por lo que se diga en redes sociales, las he dejado un poco de lado. En las redes todo el mundo es feliz todo el rato, pero no vemos que hay detrás, las discusiones, la angustia, las inseguridades. Yo antes mostraba mi lado más sensible, ahora me lo reservo para mi círculo más cercano. He aprendido a mostrar solo lo que quiero». Hay en ella una curiosa combinación de vulnerabilidad y seguridad: «Soy consciente de la importancias de la gestión de las emociones, la terapia me ha ayudado en ese proceso. Si te muestras demasiado frágil, juega en tu contra, pero me doy mi valor, mi lugar. No se trata de creerme mejor que nadie sino de entender que no voy a ceder espacios para encajar. Soy fiel a mí misma. Y creo que debemos perder el miedo a la naturalidad». Tampoco le teme a la soledad, al menos en este momento: «Llevo dos años soltera y estoy aprendiendo a estar sola , es bonito transitar ese proceso en el que siente que no necesitas a nadie. Me encanta tener a alguien a mi lado, pero no para que me complete sino para que me complemente. Por ejemplo, en la función, Lila acepta todo con tal de no estar sola. Yo no, no puedo estar con cualquier persona. Me gustaría tener pareja, pero no a costa de mi salud. Las relaciones son difíciles, pero sé perfectamente lo que no quiero de una. Ninguna tiene que ser tóxica, debe hacerte sentir bien, segura, en paz». Hace dos años confesó tener «el corazoncito roto» mientras reconocía no perder la esperanza de encontrar un nuevo amor: «Nos lo merecemos los que somos buena gente, joder». Mientras llega, ha decidido poner orden en sus prioridades: «He ido fluyendo sin ninguna estrategia. Yo era un caos, iba haciendo las cosas porque me gustaban. En esta profesión te ponen muchas etiquetas, pero creo que deberíamos etiquetar menos y disfrutar más. Yo he hecho de todo, es algo que me encanta. Nunca me ha faltado trabajo, pero es verdad que el éxito requiere orden. Por eso ahora mido más las cosas que hago, elijo con más criterio». Asume que el día a día de una artista es pura incertidumbre, «pero estoy cómoda viviendo al límite, me he acostumbrado a la ansiedad y no saber nunca lo que me espera». Y a pesar de la dificultad de hacer planes, hay algo que no sacrifica: «Me organizo para comprar con tiempo entradas para conciertos sin saber si podré ir al final, pero no puedo evitarlo, me encanta vivir la música en directo». El emoji que más usa: Las estrellitas y los corazones, porque hay que mandar amor y decir las cosas con cariño. Se haría un selfi con: Beyoncé. Un sacrificio por la fama: Alejarme de mi familia, dejar Palma de Mallorca y descubrir que esta profesión te hace vivir sola. Un momento 'Tierra, trágame': Muchos, porque como no he tenido filtros a la hora de hablar, mis palabras en ocasiones han sido desafortunadas, contundentes como un titular. Algo que no puede faltar en su día a día: Café y hablar con mi madre, aunque sea un mensaje. Un propósito que nunca cumple: Como soy nocturna, me cuesta dormir y, por lo tanto, me resulta casi imposible madrugar. Lo intento, pero lo paso fatal. En eso debería ser constante. Su primer beso: En un callejón, con un chico que me gustaba, pero con miedo de que mi madre me descubriera. Un lugar para perderse: En cualquier cala o playa de Mallorca. Tiene miedo a: A perder a la gente que quiero. Además tengo fobia a vomitar, lo que he condicionado mucho. Una de las razones por las que temía quedarme embarazada era precisamente por esto. Me superaba, aunque lo he ido tratando en terapia. Dentro de diez años se ve: Me gustaría seguir en los escenarios haciendo teatro, pero también hacer una serie o una película que llegara a la gente, que fuera un gran éxito. Estar de nuevo en pareja, creando familia. No creo que tenga hijos, pero sí animales. Sigo viviendo el duelo por mi perro, así que esperaré un poco antes de volver a tener mascota. La pequeña Angy: Era traviesa, alegre, muy teatrera, vivía rodeada de música y me gustaba mucho llamar la atención. Iba a comprar películas en vídeo para luego verlas en bucle. No me gustaba estudiar, así que canalizaba toda mi energía en actuar. Aunque algunos padres me veían como una influencia negativa (los demás niños no me invitaban a sus cumpleaños), no era una niña mala. Era muy risueña, aunque decía muchos tacos. En la adolescencia tuve un grupo que me quería por ser como era, de hecho conservo a a mis seis amigas de siempre y hablamos casi todos los días.: Las estrellitas y los corazones, porque hay que mandar amor y decir las cosas con cariño.



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