Hay expedientes judiciales que se recuerdan por su complejidad y otros por los interrogantes que dejan abiertos. Una abogada de Sevilla, de 48 años, asegura haber vivido uno de esos casos difíciles de explicar después de encontrar entre la documentación de un litigio civil una declaración jurada atribuida al principal testigo, fallecido meses antes de la celebración del juicio. El documento nunca fue incorporado al procedimiento, pero su contenido terminó marcando el rumbo de la investigación que permitió obtener las pruebas decisivas por vías plenamente legales. La letrada afrontaba un procedimiento civil prolongado, con abundante documentación y versiones enfrentadas sobre los hechos discutidos (del que no puedo dar ni nombres ni datos por la solicitud de confidencialidad). La situación se había complicado todavía más porque la persona cuyo testimonio podía resultar determinante había muerto tres meses antes de la fecha señalada para la vista. La noche anterior al juicio decidió revisar una vez más todos los documentos del expediente. Fue entonces cuando encontró un folio manuscrito que no recordaba haber visto nunca . Según su relato, el escrito reunía todas las características formales de una declaración jurada: fecha, firma y una exposición detallada de los hechos. Lo verdaderamente desconcertante era otro dato. La fecha que figuraba en el documento correspondía a dos semanas antes del hallazgo, es decir, aproximadamente tres semanas después del fallecimiento del supuesto firmante. La declaración respondía precisamente a las cuestiones que, previsiblemente, habrían centrado el «interrogatorio» del testigo si hubiera podido comparecer ante el tribunal. Peritada la caligrafía se trataba, en verdad, de la del difunto: «No había dudas, la había escrito él» decía la abogada. La abogada afirma que nunca se planteó presentar aquella declaración durante el juicio. Independientemente de su contenido, consideró que un documento con esas características carecía de cualquier posibilidad de admisión procesal y que intentar justificar su procedencia habría tenido graves consecuencias profesionales. «A ver como explico yo de donde ha salido ese documento y con esa fecha. No estoy dispuesta a que me tomaran por loca» explicaba. Si trato de aprovechar esa información y optó por estudiar cuidadosamente la información que contenía. En lugar de utilizar el documento como prueba, lo tomó como una orientación para localizar evidencias que sí pudieran acreditarse mediante los mecanismos habituales de una investigación jurídica. Durante aproximadamente tres semanas revisó archivos, localizó nueva documentación y siguió distintas líneas de trabajo inspiradas en los datos reflejados en aquella declaración. Ese esfuerzo terminó dando resultado. Las nuevas pruebas obtenidas de manera independiente pudieron incorporarse al procedimiento conforme a las normas procesales y resultaron suficientes para sostener la posición defendida en el litigio. El juicio concluyó con una resolución favorable para su cliente. Aunque el caso quedó cerrado en el ámbito judicial, la incógnita continúa acompañando a la protagonista de esta historia. El documento original, según explica, nunca permaneció en el despacho profesional. Prefirió conservarlo en su domicilio, separado del resto del expediente, consciente de que no podía formar parte de la documentación oficial del procedimiento. Más de un año después sigue sin encontrar una explicación satisfactoria para la aparición de aquella declaración fechada tras la muerte del testigo. «Imagínate, es como si la hubiera hecho desde el más allá , un caso más tuyo que mío», me decía. Consulté con abogados como Pedro Pilar Jiménez o Gustavo Prieto y me comentaban que, desde luego, resultaba inexplicable del todo punto. No atribuye públicamente el episodio a ninguna causa concreta «no quiero pensar en algo paranormal», explica. Tampoco afirma disponer de pruebas que permitan demostrar un origen extraordinario del escrito. Lo único que sostiene es que la información contenida en ese folio resultó extraordinariamente precisa y la condujo hacia pruebas auténticas que sí pudieron verificarse por medios convencionales. Historias de este tipo ocupan desde hace décadas un espacio singular entre los relatos vinculados al ámbito judicial y los llamados expedientes inexplicables. En la mayoría de los casos nunca llegan a acreditarse más allá del testimonio de quienes aseguran haberlos vivido, lo que impide ofrecer una explicación definitiva. Y les garantizo algo: no es el único, hay más. Como la misma letrada decía: «No digo que sea sobrenatural pero desde luego es muy extraño, es como si el difunto, después de su muerte, me hubiera puesto ese documento ahí para esclarecer todo y la verdad, es alucinante» sentencia. En este caso, el litigio terminó resolviéndose dentro de los cauces legales habituales. Sin embargo, la existencia de aquella declaración continúa alimentando una pregunta que la propia abogada reconoce no haber conseguido responder: si algunas responsabilidades pueden dejar una huella tan profunda que, al menos para quien las presencia, parecen desafiar incluso el límite de la muerte. *Si ha tenido alguna experiencia paranormal, de cualquier tipo, no dude en comunicarse conmigo. Investigaré gratis su caso (como siempre lo hago) y trataré de ofrecerle respuestas: correodecontacto.garciabautista@gmail.com