La sastrería Derby, fundada en Sevilla por el barcelonés Enrique Porta Serrano, acaba de cumplir 75 años de vida y su hijo, Enrique Porta Adame, la ha regentado con éxito durante las últimas décadas, aunque a sus 76 años ha decidido ceder el relevo a una nueva generación, encarnada por su hijo Fernando. Actualmente menos del diez por ciento de sus clientes actuales son sevillanos. «Aquí la gente ya no se gasta dinero en un traje bueno a medida», dice el hijo del fundador de Derby en esta entrevista. -¿Por qué Derby? -Una de las grandes fuentes de inspiración de mi padre fue la carrera de caballos inglesa que se llama así abriendo en la calle Albareda su primera tienda con ese nombre. Entonces no había pret-a-porter ni grandes almacenes, sólo existía la medida en sastrería y camisería, y mi padre se convirtió, con un equipo de quince personas, en uno de los grandes maestros. Era un trabajador incansable y muy perfeccionista. -¿Cómo ha cambiado el negocio desde que su padre fundara la sastrería en 1951 en la calle Albareda? -Sí, ha cambiado mucho en todo. Empezando porque antes trabajábamos todos días de la semana, incluidos domingos. La tarde del domingo era nuestro descanso. -Así fueron creciendo, a base de mucho trabajo. Pero centrándose en un cliente de alto poder adquisitivo. -Sí. Dice un viejo proverbio que «viste al rico, que te hará pobre; y viste al pobre, que te hará rico». Lo digo por Zara, por ejemplo. -Su padre, que vistió a familias aristocráticas de toda España, se fue por el cliente rico, pero tampoco se hizo pobre... -Bueno, mi padre apostó por eso porque en aquella época lo que primaba era la calidad. Y nosotros hemos continuado ese camino y quizá no sea el mejor negocio porque vestir a un nivel de altura es muy costoso. Se gana para vivir pero nada más. -¿Qué pasa con los ricos en Sevilla? -No lo sé. La ropa a medida resulta complicada en la sociedad sevillana, salvo en aquella persona que la necesita porque no se puede vestir de confección. Nos dirigimos a un sector muy pequeño de la población y en Sevilla la verdad es no nos da el negocio porque la gente de aquí ya no se gasta dinero en un traje bueno a medida. Por eso tenemos que salir fuera de la ciudad y visitar a clientes de Madrid, Barcelona y del extranjero. La mitad de nuestros clientes son extranjeros. -¿Qué porcentaje de sus clientes es sevillano? -De Sevilla será un 7 o un 8 por ciento del total. En Andalucía destacaría a Marbella, allí nos va muy bien. La gente de fuera aprecia más lo que hacemos. Fuera de España nos tratan muy bien. -¿A qué países han tenido que ir a buscar clientes? -A Méjico, por ejemplo. O a Puerto Rico. En Miami también tenemos clientes y en los Emiratos Árabes. Incluso en Italia, que allí de esto son maestros. En Dubai presentamos una de nuestras últimas colecciones y pensábamos ir de nuevo ahora pero por la guerra de Estados Unidos e Irán ya no se pudo hacer. En nuestro negocio funciona mucho el boca a boca. -¿Qué queda actualmente de las antiguas y reputadas sastrerías de Sevilla? -Queda muy poco. Cuando yo empecé a trabajar en la calle Albareda sólo en esa calle había cuatro o cinco sastrerías. Hoy con taller propio creo que somos los únicos. Quedan algunas sastrerías, pocas, pero la mayoría mandan la ropa a talleres externos. La mayoría de las sastrerías de Sevilla se han perdido. De la época de mi padre apenas quedan dos o tres. -Supongo que también se está perdiendo el oficio. -Sí. Y es muy complicado mantener nuestra infraestructura por la falta de profesionales formados. Prácticamente no quedan sastres. El sastre de antes se llamaba sastre de silla porque cosía, pero hoy en día el sastre no cose, simplemente corta. Antes los sastres hacían ojales a mano y ya no queda nada de eso. -El de sastre no es el único oficio que se está perdiendo. -No, se están perdiendo los carpinteros, los ebanistas. Ya casi nadie te hace un mueble entero. -Al final, eso se nota mucho en la calidad de las cosas. -Sí. Con un sastre se puede escoger la calidad del tejido, el color, el modelo, el forro que te vas a poner. Eso es importante. En confección eso no es siempre posible. - Javier Sobrino, que también cerró su tienda en el centro de Sevilla, decía que se podía ganar más alquilando su local en el centro que con el propio negocio. Y que la especulación inmobiliaria estaba favoreciendo el cierre de muchas tiendas y comercios históricos . -Eso depende. A nosotros todavía nos sale un buen rendimiento y no nos planteamos hacer eso. Nosotros amamos nuestro trabajo, a pesar de los baches. Hoy tenemos 17 nóminas y estamos contentos de poder mantenerlas. -Cuénteme alguna anécdota de estos 75 años de Derby. -Recuerdo un cliente sevillano que era muy grueso y venía a tomarse medidas por la mañana y, cuando venía por la tarde, daba otra medida distinta. Y nos volvía locos porque por la tarde le faltaban diez centímetros de tela al pantalón. Hasta que un día le vi en un bar bebiéndose una caja de botellines. Y por la tarde no le encajaba el pantalón. -Usted con apenas 20 años dirigió el segundo gran impulso histórico de Derby. -En los años 70 llegaron nuevos competidores, especialmente El Corte Inglés, que abrió un gran centro en la Plaza del Duque, y transformamos la sastrería clásica en un negocio multimarca, con apoyo de firmas de primer nivel como Burberry y Ermenegildo Zegna, sin renunciar al taller propio, nuestra joya y alma de la empresa, dirigido por el sastre José Osorno, quien con su equipo logró mantener las cotas de excelencia y calidad tradicionales de Derby. -¿Cuál ha sido el peor momento de Derby en estos 75 años? -La pandemia fue uno de los peores momentos. La crisis financiera de 2008 nos afectó mucho, pero nosotros siempre hemos ido surfeando, navegando. Ahora tenemos muchas bodas. Hacemos el clásico chaqué negro pero también apostamos por algo distinto, gris, con un chaleco diferente, incluso de algo con cuadros. Hemos roto un poco la tradicional. También hacemos algunos trajes de chaqueta de señora que nos quedan muy bonitos, pantalón con chaqueta. También hacemos cosas para niños de 10 años y a todos los hemos visto iguales. Recuerdo una familia holandesa cuyos padres eran muy jóvenes. -Supongo que su padre le transmitió sus conocimientos, como habrá hecho usted con sus hijos. ¿Cómo recuerda aquello? -Mi padre era sastre de silla y y yo me incorporé a la tienda con 18 años. Me gustaba mucho esto desde pequeño. Mi padre era menos de tienda y más de sastrería; yo soy más de tienda y menos de sastrería. Lógicamente me tuve que habituar a las dos cosas. En los años 70 empezamos con la confección y le dimos una pequeña vuelta. Antes sólo hacíamos prendas a medida y entonces entró el pret-a-porter, es decir, la prenda ya confeccionada, nos metimos también en eso. En nuestro taller de la calle Albareda llegamos a tener 16 personas. Pero nuestra vocación siempre fue el traje a medida. -Su hijo Fernando se ha hecho con las riendas del negocio. -Sí. Mis otros dos hijos, Enrique y Álvaro, también compartieron su amor por el negocio pero fue Fernando quien ha continuado el legado familiar. Aprendió bajo la tutela de Joaquín Montes y José Aguilar y se formó también en Barcelona con el maestro de Ermenegildo Zegna, Ramón Piqué. Fernando hizo realidad su sueño de abrir una boutique que no fuera sólo tienda en la calle San Pablo y que cuenta con los mejores tejidos del mundo. Y también el taller de la calle Tetuán donde los clientes pueden ver cómo se confeccionan sus trajes y camisas a medida. -¿Cómo ve el futuro? -En América no se hace apenas traje a medida y hemos logrado atraer clientes con eso. Yo creo que siempre va a haber clientes que valoren eso.