Se llama Modesto López, aunque en el barrio granadino del Albaicín nadie le llama así sino Pepe, probablemente porque así se llamaba su padre. Tiene 92 años y lo mejor que puede hacerse en un caso como el suyo es hablar en presente, porque continúa vivo después de haber pasado cuatro días en un auténtico calvario. El pasado viernes 25 de septiembre se le perdió la pista. Salió de casa a las once de la mañana a dar un paseo y sus vecinos se preocuparon al ver que no volvía. Alguien alertó, además, de que Pepe necesita medicación. No es un chiquillo, no es remotamente posible que se hubiera ido de farra, así que ese mismo día alertaron a la...
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