Prácticamente todo el mundo tiene
dos tipos de perfumes: los de día y los de noche. Estos primeros suelen tener aromas más ligeros, pensados para aguantar con ellos sin cansarnos y que normalmente se van disipando con el paso de las horas. En los
perfumes de noche, por el contrario, buscamos
aromas más intensos y duraderos,
que se peguen a nosotras durante, valga la redundancia, toda la noche.
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