En la vorágine del día a día, es fácil sentirse momentáneamente abrumada por los pequeños dolores y molestias cotidianos que se suman a una agenda ya de por sí apretada: una sensación de
estrés, dolores de cabeza recurrentes o síntomas inoportunos de
fatiga pueden ralentizar seriamente el funcionamiento normal de nuestro cuerpo y nuestro cerebro.
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