Ser editora de belleza implica probar nuevos productos constantemente. En materia de
skincare, los resultados tardan en ver la luz, así que someto a un largo examen a cada fórmula que añado en mi neceser. En cambio, el maquillaje es de fácil de analizar, ya que puedo comprobar la efectividad de cada producto de forma rápida y sencilla.
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