La travesía mortal del salmón y los secretos de supervivencia de una migración al borde del colapso
Ciclo vital en un río hostil - Investigadores rastrearon 424 salmones juveniles, descubriendo que nadan por el centro del río de noche para evitar depredadores y se acercan a las orillas al amanecer, a costa de un mayor gasto energético
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El río San Joaquin parece un espejo negro bajo la luz de la luna, pero bajo su superficie, la batalla es feroz. Miles de pequeños salmones, del tamaño de un dedo meñique, nadan a contracorriente, esquivando mandíbulas voraces y fluyendo a través de aguas que parecen volverse más hostiles cada primavera. Su destino es el océano Pacífico, a 350 millas de distancia, pero para la mayoría, es un viaje sin regreso.
El panorama es desolador: menos del 5% de estos valientes juveniles logran completar la travesía. En los peores años, casi ninguno lo consigue. El agua caliente, las presas que fragmentan el río y la mala calidad del agua ya eran enemigos declarados, pero son los depredadores introducidos por el hombre, como las lobinas negras y los percas estriados, los que se llevan la peor parte del saldo mortal. “Sabemos que estos salmones juveniles están siendo diezmados en su migración al mar. Necesitamos saber por qué y cómo ocurre esto, y si existen oportunidades para aprovechar prácticas de conservación”, explica Mike Gil, autor principal del estudio y profesor asistente en el Departamento de Ecología y Biología Evolutiva de la Universidad de Colorado Boulder.
La épica migración del Chinook
El trabajo, publicado en Ecology Letters, no solo desvela el peligro al que se enfrentan estos peces, sino también su increíble capacidad de adaptación. Los investigadores equiparon a 424 salmones Chinook juveniles y a sus depredadores con rastreadores para seguir sus movimientos durante dos meses.
Los datos revelaron un patrón que no esperaban: los salmones nadan grandes distancias por el centro del río durante la noche, cuando los depredadores duermen, y se refugian cerca de las orillas al amanecer y al anochecer, aunque esto les cueste el doble de energía. La razón es simple: los depredadores, con sus grandes ojos adaptados a la penumbra, tienen ventaja en esas horas del día.
El ciclo vital del salmón es una epopeya natural. Nacen en las aguas dulces del San Joaquin, donde pasan su primer año antes de iniciar la peligrosa migración al océano. Allí encuentran los nutrientes que necesitan para madurar y, años después, regresan río arriba para desovar, completando el círculo de la vida.
Sin embargo, el tiempo corre en su contra: la población de salmones Chinook que migran en otoño ha caído un 90% en solo dos décadas, según el Departamento de Pesca y Vida Silvestre de California. De los casi 873.000 ejemplares de 2002, apenas quedaban 80.000 en 2022.
Los depredadores, especialmente los percas estriados, acechan en el centro del río durante el día, donde las corrientes son más fuertes y los salmones podrían ahorrar energía. Pero este atajo es un suicidio. Por eso, estos pequeños peces han aprendido a moverse de noche, aprovechando la oscuridad y evitando las zonas peligrosas durante el día. Aun así, el crepúsculo sigue siendo un momento crítico. “Estos peces parecen captar muy bien los cambios en la luz ambiental”, añade Gil.
Reducir la contaminación lumínica puede ayudar a los pequeños salomnes
La investigación también sugiere posibles soluciones para frenar la debacle. Reducir la contaminación lumínica en las zonas urbanas cercanas al río podría marcar una diferencia considerable. Las luces artificiales desorientan a los salmones, volviéndolos vulnerables a los ataques. Un pequeño ajuste en el alumbrado público podría convertirse en un salvavidas para estos nadadores incansables.
Lejos de ser solo un problema local, lo que ocurre en el San Joaquin es un reflejo de los problemas globales de la vida silvestre frente a la intervención humana. Mientras el río sigue su curso, la historia de estos salmones se escribe cada noche, en la delgada línea entre la vida y la muerte. Y aunque el final sigue abierto, cada brazada nocturna es un grito de resistencia.