Memorias de un gigante popular: John le Carré
La presente publicación es una de las más leídas en el mundo. No es para menos, y disculparán el entusiasmo, porque estamos hablando de John le Carré (1931 - 2020).
Sobre los autores de bestsellers se dicen cosas graciosas. La principal de estas yace en un discurso que pretende restarles calidad literaria por el solo hecho de que sus libros están direccionados a un público masivo. En este sentido, la crítica no es ajena a una tara que esperemos sea involuntaria, ya que pasa por alto el análisis de los mismos por su señalada esencia popular. Es decir, si existiera un Salgari pop en estos años, la crítica no se ocuparía de él, no le prestaría la más mínima atención.
Sin embargo, las cosas graciosas se despejan, parecen no existir, cuando se tiene que hablar del británico John le Carré. Con L.C. existe consenso, porque no solo hablamos de un exitosísimo autor de novelas de espionaje, sino también de uno del que podemos aseverar que literariamente exhibe excelentes recursos literarios. Si un aspirante a escritor lee esta recomendación, pues lea a L.C., porque se puede aprender, y mucho, de su administración de recursos narrativos en la construcción de una novela.
Ahora, cuando hablamos de los lectores de L.C., no nos referimos a unos cientos de miles, sino a millones. Pensemos en novelas como El espía que surgió del frío, El Topo, Llamada para el muerto, Asesinato de calidad, La chica del tambor, La gente de Smiley, El jardinero fiel, El infiltrado, entre otras. En L.C. confluyen el éxito de ventas y la experiencia literaria. L.C. es pues un digno representante de la tradición de novelas de aventuras del XIX, el siglo de la novela. Por ello, la relectura de sus memorias, Volar en círculos (Planeta), siempre viene bien y más aún estos tiempos marcados por las prisas.
L.C. privilegia la anécdota en lugar de la reflexión. Tengamos en cuenta que el nutriente de la memoria es el discurso reflexivo. A pesar de ello, nuestro autor sustrae de la anécdota su natural espíritu fugaz para contarnos cómo se hizo espía y de las personas del mundo político y del espionaje que conoció y que inspiraron sus novelas. No vamos a negar que L.C. también se muestra cínico, nos advierte que no contará sobre su pasado como espía, pero lo hace a cuenta gotas, privilegiando la información conocida, que en otra pluma podría advertirse como estafa, pero que en la suya se justifica gracias al nervio narrativo.
Queda claro que lo que sabe del espionaje lo deja para sus novelas y en estas memorias nos brinda bocaditos narrativos que cumplen su objetivo: divertir y emocionar, puesto que L.C. lo hace sin falsas modestias, es decir, desde su condición de escritor de éxito que no necesita demostrarle a nadie su valía literaria. Volar en círculos bien es una sobredosis que se agradece, además sus lectores saben que su autor predilecto no lo puede contar todo. Volar en círculos es igualmente un mensaje en código con sus lectores habituales, es un tributo a ellos.
Busquen a este gigante popular, junto a otros gigantes populares como Stephen King, Stieg Larsson y Arturo Pérez-Reverte. La gran literatura es también divertida.