La Premier, la liga más poderosa de Europa y la de mayor músculo financiero, tiembla ante el posible derrumbe de su escuadrón en la Champions. Ninguno de los seis equipos ingleses que alcanzaron los octavos de final logró salir airoso de los partidos de ida. El balance es desolador: apenas dos empates y cuatro derrotas, algunas especialmente dolorosas. El martes llegaron la igualada del Newcastle en casa frente al Barcelona y los fiascos del Liverpool ante el Galatasaray y del Tottenham frente al Atlético. El miércoles se sumaron el empate in extremis del Arsenal en el campo del Leverkusen (1-1) y las derrotas del Chelsea ante el PSG (3-2) y del Manchester City frente al Real Madrid (3-0). Lejos de ese foco, en el frío casi ártico del norte de Noruega, el Bodo/Glimt volvió a reclamar protagonismo tras golear al Sporting de Portugal (3-0), un resultado que puede abrirle la puerta a la primera presencia de un club noruego en los cuartos de final desde la del Rosenborg en 1997. El conjunto amarillo firmó una actuación muy completa, superior en ataque y certero en la definición. Brunstad Fet transformó un penalti en el minuto 32 para abrir el marcador y, antes del descanso, Blomberg amplió la ventaja al aprovechar un centro desde la izquierda de Hauge. Lejos de reaccionar, el Sporting mantuvo el perfil bajo de la primera mitad y permitió que el partido se jugara al ritmo que imponía el Bodo. En el 71, Hauge volvió a aparecer con un pase cruzado que Kasper Hogh convirtió en el tercero. La mala racha inglesa comenzó con el Arsenal. Tras una primera fase inmaculada, con ocho victorias consecutivas, los 'gunners' encontraron sus primeros problemas en la máxima competición continental al empatar de penalti y casi sobre la bocina ante un sólido Bayer Leverkusen. Los alemanes firmaron un gran partido y estuvieron cerca de dar otra sorpresa, por lo que llegarán vivos y con opciones al encuentro de vuelta en el Emirates. Funcionó la pizarra de Kasper Hjulmand, que logró contener la superioridad del conjunto londinense y equilibrar una balanza que, en teoría, parecía inclinada del lado de los de Mikel Arteta. Un disparo al larguero de Gabriel Martinelli fue la ocasión más clara de un Arsenal que nunca se sintió cómodo. Para colmo, nada más regresar de los vestuarios, un saque de esquina ejecutado con precisión por Grimaldo permitió que el Leverkusen se adelantara por medio de Robert Andrich. Solo entonces se hizo más evidente el dominio territorial del Arsenal, aunque apenas se tradujo en ocasiones claras. Arteta agitó su línea ofensiva y dio entrada a Madueke y Havertz. La apuesta resultó acertada. Una incursión por la derecha del primero provocó un polémico penalti que Havertz transformó para igualar el encuentro, aunque no celebró el gol por su pasado en el Leverkusen. Mientras tanto, a la misma hora que el City caía con estrépito en el Bernabéu, el Chelsea sucumbía ante el PSG en el Parque de los Príncipes. Fue una revancha parcial de la final del Mundial de Clubes . El conjunto parisino explotó su extraordinaria pegada para firmar un resultado que lo deja muy cerca de los cuartos, aunque el triunfo estuvo lejos de ser sencillo. El Chelsea supo sobrevivir al intercambio de golpes y quizá mereció mejor premio. Dos acciones individuales de Kvaratskhelia, ya en la segunda mitad, terminaron por inclinar un partido más equilibrado de lo que le habría gustado a Luis Enrique. Los ingleses lograron levantar el marcador adverso en dos ocasiones. Primero, cuando Malo Gusto (28) igualó el tanto inicial de Barcola (10). Después, ya en la segunda parte, cuando Enzo Fernández volvió a empatar tras el gol de Dembélé en el minuto 40. La entrada de Kvaratskhelia con el 2-2 resultó decisiva. Vitinha adelantó por tercera vez a los parisinos en el 74, y aún hubo respuesta 'blue': João Pedro llegó a marcar en el 78, pero el tanto fue anulado por un ajustado fuera de juego. Luego llegó el golpe definitivo del extremo georgiano: primero con un esprint que culminó con un latigazo seco con el interior y después al aprovechar un buen pase de Achraf en una acción lanzada por la banda derecha. Dos zarpazos que dejaron al Chelsea contra las cuerdas y a la Premier mirando de reojo al precipicio europeo.