LA tremenda frase pronunciada por la ministra Celaá, en la que aseguraba de forma categórica que «los hijos no pertenecen a los padres», pone de manifiesto su manera autoritaria de entender el poder; deja al descubierto su desviada interpretación de lo que es un mandato democrático; nos permite vislumbrar su inaceptable vocación del ejercicio del cargo público como imposición de las convicciones particulares e íntimas al conjunto de la sociedad; nos traslada la falta de respeto que tiene por la libertad y la concordia social, que no es otra cosa que el respeto por el «otro», por el discrepante, por el que no piensa como yo y que, no por ello, es mi enemigo, ni deja de ser titular de...
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