Las heroínas de ficción de Juan Marsé eran Madame Bovary (una boba con pretensiones), la duquesa Sanseverina de «La cartuja de Parma» (bueno, vale) y la Alicia Huberman de «Encadenados» (1946). Ella sí que sí, aunque Ben Hetch no sea Stendhal. Ni falta que le hacía. También es verdad que los diálogos de amor son de Clifford Odets. Una mujer que se sacrifica acostándose con Claude Rains y teniendo de suegra a Madame Konstantin cuando se está beneficiando al adusto Cary Grant que, encima, ahora la odia. O finge que la odia. «Esta es una extraña historia de amor» (Alicia). «¿Por qué?» (Devlin). «Probablemente por el hecho de que tú no me quieres» (Alicia). Esta se casa y se acuesta...
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