¿Por qué Trump acabó aceptando una prórroga que había descartado en varias ocasiones?
En apenas 48 horas Donald Trump volvió a ser Donald Trump, rompiendo de nuevo con su propia narrativa. Después de repetir varias veces a comienzos de esta semana que no pensaba prorrogar el alto el fuego con Irán porque, según dijo, "no había tiempo", y que, si no se llegaba a un acuerdo seguiría "bombardeando" el país, acabó dando marcha atrás el martes por la noche y anunció una extensión indefinida de la tregua hasta que Teherán volviera con una "propuesta unificada" que permita poner fin al conflicto.
Para sus críticos, la decisión es una nueva muestra de TACO (Trump always chickens out, Trump siempre se acobarda) y alimenta las dudas sobre su liderazgo en plena crisis con Irán, un enemigo que se ha negado a presentarse a las reuniones en Pakistán y ha dejado plantado al vicepresidente JD Vance a pocas horas de poner rumbo a la capital, Islamabad.
Trump no aumenta la presión militar
Sus seguidores ven esta extensión como una apuesta por la diplomacia, pero con garantías. Trump no aumenta la presión militar sobre el terreno a pesar de su elevado y tenso tono en redes sociales, y mantiene el "bloqueo naval" en los puertos iraníes. La orden militar es mantenerse alerta, pero de momento se ha evitado la reanudación inmediata de los ataques. Este último movimiento ha dejado al descubierto las discrepancias que empiezan a aflorar en el entorno del presidente.
Hay asesores de corte más duro que creen que Teherán alargará las conversaciones con el propósito de ganar tiempo y reorganizarse económica, militar y políticamente, creen que la falta de una fecha específica del fin de la prórroga elimina la presión sobre la cúpula iraní. Cada día sin ultimátum claro es un día que Teherán se reorganiza militar y políticamente.
En la Casa Blanca hay también otro grupo de asesores que apuntan a que el problema no solo es si Irán quiere negociar, sino si realmente existe una voz única con autoridad suficiente para cerrar un acuerdo en nombre del régimen. Son quienes consideran que esta extensión del alto el fuego es crucial para solucionar las divisiones internas dentro de la diplomacia iraní. Hace tiempo que los funcionarios estadounidenses sospechan que existe una profunda división entre el equipo negociador de Irán (encabezado por el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, y el ministro de Exteriores, Abbas Araghchi) y los líderes militares del país en el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, lo que está dificultando llegar a un acuerdo que cuente con la aprobación de Mojtaba Jamenei.
Este matiz es clave para entender la estrategia de Donald Trump. Si las divisiones internas iraníes son reales, apretar demasiado podría hacer saltar por los aires cualquier opción de acuerdo. En este sentido, desde luego, no ayudan los mensajes en redes sociales del presidente norteamericano, que buscan presionar al enemigo y están provocando el efecto contrario. Sus asesores llevan tiempo insistiéndole en que negociar a través de la prensa no es buena idea en un tema tan delicado y marcado desde el principio por la desconfianza. Pero Trump pocas veces atiende a los consejos, y ayer seguía lanzando mensajes poco pacificadores al enemigo con el que intenta pactar.
Desgaste político interno
El martes, el presidente llegó a anticipar públicamente concesiones iraníes que ni siquiera estaban confirmadas y que son líneas rojas para Teherán, como la entrega de todo su uranio enriquecido, informaciones que el otro lado negaba inmediatamente. La cadena CNN asegura que "algunos funcionarios públicos de la administración de Trump reconocieron que los comentarios públicos del presidente han resultado perjudiciales en las conversaciones, señalando la sensibilidad de las negociaciones y la profunda desconfianza de los iraníes hacia EE UU".
Hay un último factor que explica esta prórroga, y es el desgaste político interno. La guerra está castigando a Trump en las encuestas. Un sondeo de AP-NORC muestra que su aprobación sobre la economía cayó del 38% al 30% en abril, y solo un 32% apoya su gestión del conflicto en Oriente Medio. Prolongar tregua le permite rebajar la presión doméstica de un conflicto impopular sin mostrar debilidad. Esta prórroga indefinida es una buena noticia y al mismo tiempo una señal de alarma, porque evita el estallido inmediato, pero confirma que el conflicto sigue sin una salida clara.
Las publicaciones presidenciales en redes sociales no ayudan a acercar posturas que todavía se encuentran muy alejadas. Irán insiste en que, antes de sentarse a negociar, EE UU tiene que levantar el bloqueo sobre sus puertos navales, pero Trump se niega. La reapertura de Ormuz se ha convertido en una moneda de negociación crucial en este conflicto, y su cierre está perjudicando económicamente a ambos países. Además, la cuestión nuclear sigue siendo otro importante punto de fricción entre las partes que amenaza con alargar este conflicto.
