La última teoría conspiranoica: ¿es la CIA la culpable de la decadencia del rock?
Coachella.El festival más pijo del planeta. Se celebra en la exclusiva localidad de Indio, California. Supermodelos, influencers, el expresidente de Canadá haciendo arrumacos a[[LINK:TAG|||tag|||6336197159a61a391e0a16bf||| Katy Perry]] y los lujosos puestos de comida vacíos porque el ozempic ha quitado el hambre a todo el mundo. En esta atmósfera de frivolidad militante, los rockeros The Strokes aprovechan la última canción de su repertorio –«Oblivious»– para descolocar a todo el mundo haciendo desfilar por las pantallas gigantes una lista de presidentes hispanoamericanos derrocados por la CIA. Salvador Allende, marxista chileno, cayó en 1973. Luego siguieron otros, como fichas de dominó: el panameño Omar Torrijos, el guatemalteco Jacobo Árbenz y el ecuatoriano Jaime Roldós Aguilera. «¿En qué lado estás tú?», pregunta el cantante Julian Casablancas a su audiencia de élite fashion. La salida de tono se convierte en uno de los momentos más emblemáticos de la edición 2026 de este festival.
Hace mes y medio, saltó otra polémica relacionada. Billy Corgan, líder de los superventas Smashing Pumpkins, que hizo unas rotundas declaraciones en el podcast estadounidense «The Magnificent Others». «Ocurrió a finales de los años noventa. Si estabas cerca o dentro de la MTV alrededor de 1997 decidieron que el rock estaba pasado de moda, cuando el rock todavía estaba muy, muy arriba. Entonces lo reemplazaron por el rap. Los estándares y prácticas de la cadena de televisión cambiaron, de modo súbito, cosas no permitidas comenzaron a estarlo. Los artistas empuñaban armas, de la noche a la mañana. Hay quien dice que la CIA estuvo detrás. Son cosas por encima de mi nivel de información, pero yo estuve allí y vi el cambio. Fui testigo de que aquello ocurrió», recordaba.
Luego hizo otra reflexión: «El rock es probablemente el género que más entradas vende en Occidente, y sin embargo, casi no hay representación del rock en la cultura», resumió. De acuerdo con el rockero de la cabeza pelada, «un mago tras bambalinas» decidió que ya no era época de rockear y el espacio que le correspondía a su banda –y a muchas otras– comenzó a evaporarse. En principio, cuesta tomarse en serio este tipo de conspiranoias, pero hay serios antecedentes. Durante la Guerra Fría, la CIA vio el rock como una forma de vender el estilo de vida americano a los jóvenes de países soviéticos, luego vigilaron a John Lennon temiendo que fuese una fuente de desestabilización para Estados Unidos y hoy usan a las estrellas como simples iconos publicitarios. Un viaje con muchos bandazos, que no son sencillos de resumir.
Lennon y otros revolucionarios
Cuando [[LINK:TAG|||tag|||63361b8759a61a391e0a1adb|||John Lennon ]]y Yoko Ono se mudaron a Nueva York, a comienzos de los 70, la CIA abrió una ficha sobre el cantante. En principio, parece ridículo: basta recordar la famosa foto donde la pareja posa en un hotel de lujo en Ámsterdam y esperan a que una doncella uniformada les haga la cama para volver a meterse y continuar su protesta pacifista. No puede hacer la revolución quien no es capaz de doblar unas sábanas. A pesar de los pesares, no se equivocaba tanto la agencia: en marzo de 1971, Lennon era entrevistado en la revista «Red Mole» por los activistas radicales Tariq Ali y Robert Blackburn. La charla excitó tanto al exbeatle que al día siguiente compuso «Power to the people», uno de himnos más combativos. La prevención de la CIA respecto a Lennon tiene mucho que ver con el poder de movilización que mostró el rock a mediados de los años sesenta, sobre todo durante las protestas contra la guerra de Vietnam, que hicieron temer una crisis del sistema en Estados Unidos. Pero, en realidad, quien más temió a las guitarras eléctricas fue el comunismo.
Hoy en La Habana hay una estatua de Lennon, inaugurada por el propio Fidel Castro en el año 2000. Ha sido un largo camino desde 1963, cuando el comandante consideraba el rock como una prueba de decadencia cultural, al servicio de los intereses imperialistas. En marzo de ese año, Castro ofreció un discurso donde proclamaba su rechazo a los adolescentes «modernos» de la isla: «Muchos de esos pepillos vagos, hijos de burgueses, andan por ahí con unos pantaloncitos demasiado estrechos (risas). Algunos de ellos con una guitarrita en actitudes ‘‘elvispreslianas’’, y que han llevado su libertinaje a extremos de querer ir a algunos sitios de concurrencia pública a organizar sus shows feminoides, por la libre», denunciaba. Un perfecto cruce de homofobia y ranciedad musical.
El ensayo clásico «La CIA y la guerra fría cultural» (1999), de Frances Stonor Saunders, demuestra que la agencia utilizó el arte abstracto y el jazz como arma política. La investigación destaca que la CIA, a través del Congreso por la Libertad de la Cultura, empleó el pop para infiltrar ideologías en la juventud del bloque comunista evitando la impresión de injerencia directa. Luego, poco a poco, se dieron cuenta de que el rock era más eficaz como herramienta de «poder blando» para exportar valores occidentales como el individualismo y el consumismo.
Existe un podcast de ocho episodios que intenta demostrar que el baladón heavy «Wind of change» (1990), del grupo alemán Scorpions, fue una operación de la CIA para seducir a los jóvenes soviéticos para pasarse al capitalismo. La investigación no obtiene pruebas concluyentes, y el mánager de la banda niega la tesis, pero la verdad es que ves vídeos en directo en cualquier país soviético y comprendes las sospechas. Hay una emoción distinta, una expectativa extra.
El poder del rock
Podemos considerar un hecho que el rock contribuye de manera decisiva a tumbar gobiernos autoritarios. El mejor ejemplo llega con la legendaria banda Plastic People of the Universe: prohibidos y encarcelados bajo el comunismo checo, ayudaron a derrocar al régimen en 1989. Inspirados por Frank Zappa y The Velvet Underground, y amigos del presidente Václav Havel, fueron la banda sonora de la llamada Revolución de Terciopelo.
Plastic People of The Universe se formó en los años sesenta como un grupo de versiones aprobado por el gobierno.Tocaban música de la Velvet y de la banda vanguardista neoyorquina The Fugs en salones de baile. Que el gobierno soviético los censurase y encarcelase les convirtió en un mito nacional. «En Praga, en 1968, si querías tocar tu propia música, te convertías en político, quisieras o no, porque las autoridades te consideraban una amenaza para su cultura oficial», dijo el teclista Joseph Janicek. Historias así consiguieron que Fidel Castro pasara de censurar el rock a homenajearlo como medio para desactivarlo.
Seguramente estamos ante un estilo tan imbuido de capitalismo que funciona a favor de este sistema de manera natural, sin necesidad de grandes estrategias de inteligencia internacional. Los inversores globales lo usan para simbolizar que un país autárquico finalmente se abre de verdad al mercado, mutación que suelen celebrar financiando un concierto gratuito de los Rolling Stones, como ocurrió en Rusia (1998), China (2006) y Cuba (2016).
Lo cierto es que el Estado Profundo siempre ha sido consciente del enorme poder del rock, por eso presionaron tanto a [[LINK:TAG|||tag|||63361b1559a61a391e0a19e0|||Elvis Presley]] para que hiciera el servicio militar en 1958 en Alemania. No solo servía para que la juventud de Estados Unidos viera el patriotismo como algo molón, sino que además eleva la moral de la tropa, costumbre que sobrevive hasta tiempos recientes, recordemos que en 2019 el carismático Gene Simmons (Kiss) hizo una visita al Pentágono para acercarlo al pueblo y subir los ánimos de la plantilla.
Ahora el rock está de capa caída, así que recurren al poderío de estrellas pop: en la década de los diez el ejército notó el escaso numero de mujeres que se alistaban a los marines, así que le pagaron a Katy Perry el video de «Part of me», donde interpreta a una chica traicionada por su novio, se hace marine y saca toda su rabia interior en combate. Los solicitudes femeninas se dispararon. Ese año, como premio, fue la invitada oficial de los Obama para decorar el árbol de Navidad de la Casa Blanca. Ya no hace falta ocultar la relación entre música popular y operaciones en defensa de la patria.
