DOMINGA.– Muchas cosas cambiaron desde aquella época. ¿Cómo no iban a cambiar? Si Antonio Ricardo Mohamed Matijevich era un nene que iba a la escuela al Instituto Cristo Obrero, en Villa Soldati, un barrio humilde de Buenos Aires, una zona de tierras bajas cerca del Riachuelo. Ya entonces jugaba –siempre jugó– pero no pateando una pelota como los demás: el Turquito jugaba distinto. A la hora de definir quién con quién, sus compañeros sabían que el equipo en donde él estuviera era el que iba a ganar.Cuando tenía siete años... Читать дальше...