Es un tipo peculiar Gareth Bale. Cinco temporadas y media después, el galés apenas balbucea el castellano y lo malentiende de soslayo. En el vestuario, tiene los mismos amigos que cuando juega al solitario. Modric, compañero suyo en el Tottenham, es el único con el que tiene un conato de relación más allá de lo profesional. Como ya le ocurrió a Beckham en su paso por el Madrid, el vínculo de Bale con la ciudad, la lengua y el país se reduce a la mínima expresión. Su físico, siempre delicado, y su familia... Читать дальше...